viernes, 4 de junio de 2010

La Luz de Dios, por el Arcángel Gabriel


Sonreíd al Divino y notad Su fragancia y Su Ser.
La Iluminación os permitirá resurgir y sanaros de todos los males.
Alumbrad a otros, como pueblo santo que libera al afligido.
Sentid la pureza de vuestra alma. Liberad el dolor que tanto os amarga.
Soy Gabriel, esperanza de Luz y Amor.
Senderos impuestos del alma.
Dolor renacido que vuelve para ser retirado.
No alberguéis los viejos sueños que ya no llevan a ninguna parte.
No sois dolor, si no calma y comprensión.
Alumbrad el camino y así veréis lo que hay en él.
Sinceridad es la respuesta a lo que buscáis.
No hurguéis en el dolor añejo que guardan los corazones dormidos.
Habitad en el silencio de vuestra Fuente.
Sol renacido, hijos de Dios.
Sois partes infinitas de algo Superior.
Ya sabéis qué buscar. Ahora debéis empezar a hacerlo.
Secad vuestras lágrimas y comprended por qué habéis renacido.
La simiente del verdadero Yo es la fuerza de vuestro corazón.
La Luz es todo. Vuestro cuerpo, el alma, el Ser Superior.
Todo es sendero de lo Divino.
Habéis visto el recuadro al que pertenecéis en esta vida y aspiráis a algo más hermoso y más santo.
Pero ya lo sois. No hay nada que pueda deteneros o asfixiaros.
El dolor es el combate más agotador que os habéis impuesto.
No necesitáis el dolor. Eso es solo la representación de algo que ya no está.
Vuestro dolor es admisión de un sendero equivocado.
Vuestra boca llama a veces a ese dolor y vuestros ojos observan su esencia, atrapándolo y dándole más fuerza.
El dolor es Nada. Es voluntad reprimida y observación de lo que no es y no debe ser.
Habéis creado vuestro dolor de raíces oscuras y turbias lamentaciones y así, el alma acepta ese dolor como verdadero y surge el desencanto y la lástima.
Ahora os sugiero hacer un alto en el camino y abrir las vías que os conducen a vuestra verdad más profunda.
Ved y cread la expresión de lo que sois en verdad.
Hay dos caminos. La de vuestra propia Luz y la que os separa de vosotros mismos.
Habéis llevado largo tiempo buscando la quietud y os resulta esquiva.
Comprobad el funcionamiento de esta ilusión.
Comprobad el silencio de vuestro corazón.
Ahí todo se transforma y equilibra.
No hay nada por lo qué luchar.
Nada es vuestro combate.
Ahora, percibid vuestro dolor más profundo.
Aquél que os empuja a la soledad de las sombras y al enojo.
Ahora, respirad tres veces de forma profunda y oíd los miedos que salen al exterior.
Son restos de la nada que se transforma y se libera.
Poned vuestra mano derecha sobre el corazón y volved a respirar profundamente tres veces.
Después, soltad el aire.
Sentid la eternidad en vosotros, la Luz en vuestros ojos y en vuestra cara.
Vuestra soledad no existe pues ya sois todo.
El amor os invade.
Yo os acompañaré en este ejercicio.
No estaréis solos.
Alumbrad vuestra vida de esta manera sencilla.
Yo seré puente para transmutar lo que ya no sirve.
Tan solo necesito vuestra atención y la paz que os libera.
Sentid la esencia del Divino en vosotros.
Participad de la vida como almas sublimes que sois.
No tengáis más miedo.
No es necesario.
El miedo es la antesala del dolor.
Y el dolor se alimenta de la rabia y el abandono.
Sed fuertes en vuestro camino bendito.
Seréis amparados vida tras vida, hasta completar vuestro ciclo.
Nueve ruedas son el camino y la vida se estira hasta el infinito.
Somos los que equilibran los sueños y amparamos el sendero del caminante.
Así sea,
Gabriel

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