lunes, 14 de junio de 2010

Kwan Yin: Los principios del Iniciado (3ra Parte)



8. EL SEXTO PRINCIPIO

Después de la experiencia que había pasado en aquel mundo extraño y el enfrentamiento que tuvo con el ser de la piedra, el joven príncipe sentía deseos de estar solo, sentía que había muchas lecciones que aún no podía asimilar; sus pensamientos iban y venían tratando de recordar cada instante, cada palabra, cada imagen, de lo que había experimentado. Recordaba la extraña sensación que tuvo cuando vio que podía respirar bajo el agua. Recordó, igualmente, cuando lo sacaron del agua y sintió que se ahogaba y cómo aquel ser lo lanzó al espacio y empezó a volar y volvió a experimentar la dicha inefable de sentirse libre y remontarse por los espacios. Recordó su encuentro con la tormenta y cómo ésta lo precipitó hacia el fondo de un remolino. Trataba de recordar, paso a paso, la conversación que tuvo con aquel ser extraño de la piedra. Yo soy Dios, le había dicho, y no me interesa si tu te alejas o te acercas; si encuentras los 10 principios o si no los encuentras, siempre estarás dentro de mí, siempre serás parte de mí.

El camino interior

Mientras su mente recordaba las imágenes que había visto, una voz resonó en su interior:
“Hijo mío, hasta ahora has caminado por el mundo de los sentidos; el universo que nosotros habitamos está compuesto de dos partes, una de ellas la puedes ver, tocar, sentir, la otra, mora en tu interior. Los principios que hasta ahora has descubierto son aquellos que el universo ha reservado para el mundo de los sentidos; los otros principios no podrás encontrarlos a través de los sentidos, tendrás qué buscar dentro de ti, tendrás que aprender a descubrir ese mundo interior desde donde yo te estoy hablando. Ten presente mis palabras porque tu camino empezará a llevarte por terrenos aún más sorprendentes”. Las palabras callaron, el silencio se hizo en la mente del joven príncipe mientras él trataba de seguir escuchando más, dado que lo que le habían dicho carecía de significado, todavía, para él.
Su viaje siguió sin saber a dónde ir, sin tener algún punto fijo, sin tener prisa, sin estar perdido. De pronto, en su mente, aparecieron nuevamente las palabras que aquel ser le dijera: “No voy a ningún lado, ¿acaso tengo que tener un destino para viajar?”. Recordó que esas palabras le intrigaron y que ahora, ante lo que había escuchado internamente, tomaban un nuevo significado. Si los otros cinco principios se encontraban dentro de él, ¿qué importaba hacia dónde enfilara su nave?, ¿qué importaba si viajaba en una dirección o en otra, si iba hacia delante o hacia atrás?, su camino ahora empezaba a ser interior.
El príncipe se dijo a sí mismo:
_Si lo que falta encontrar está dentro de mí, pues, entonces, buscaré en cada rincón de mi cuerpo, en cada rincón de mi mente, hasta encontrarlos, porque una nueva esperanza se ha despertado en mí; siento que he avanzado en el camino y siento que de aquí en adelante el resto deberá ser más sencillo.
Una luz iluminó su nave. Buscando, el príncipe, encontró que su recorrido lo había llevado hasta entrar en contacto con uno de los grandes anillos que rodeaban a un inmenso planeta. La nave se había iluminado con un color ligeramente naranja; encontró entonces, que todas las cosas que veía habían tomado el color naranja, su nave parecía extraña, él mismo se percibía extraño, todo era de color naranja. Poco a poco, el color fue cambiando al seguir la nave su recorrido y una luz azulada iluminó todo el interior de su nave; ahora todo se volvía azul, un azul tenue pero de agradable aspecto a sus ojos. Más adelante todo se tornó verde y, así, fueron transcurriendo color tras color y la mente del príncipe se despertó diciendo:
Yo sé que estos colores que hoy percibo en mi nave no son los reales, yo sé que estos colores están siendo influidos por la luz que proviene del exterior; ahora, debo preguntarme: ¿Cuál será el color real de las cosas que siempre he visto, éste que hoy estoy viendo a través de los anillos de este planeta, o el que siempre he visto y que es probable que también se encuentre influenciado por la luz que percibimos? ¿Cuál es la verdad?, ¿cuál es la verdad de todas las cosas? Y su nave atravesó los anillos y siguió viajando por el espacio, pero, en la mente del príncipe, había una pregunta sin respuesta.
Las cosas tal vez no sean como yo las he visto siempre, tal vez una luz de un especial color haya iluminado siempre las cosas haciéndome creer que son del color del que siempre las he visto, pero, cuando esa luz cambia, todo cambia y las cosas permanecen tan desconocidas y misteriosas como antes de haberlas visto. ¿Será así todo en el universo?, ¿será que lo que pasa con los colores de las cosas, también pasa con los olores, y también pasa con las sensaciones que se perciben al tocarlas? ¿Será que nuestros sentidos nos engañan todo el tiempo y las cosas no son como parecen ser? Y, entonces, en sus meditaciones, el príncipe cayó en sueños y, en su sueño, él veía que una extraña criatura se paraba frente a él y le decía:
_“Vas a ser pequeño, muy pequeño, tu tamaño se reducirá infinitamente y, entonces, empezarás a conocer las cosas”_ y veía cómo el extraño ser alzaba su mano y él empezaba a reducir su tamaño, sentía que su cuerpo se encogía y se encogía de una manera increíblemente rápida y, de pronto, las cosas que antes percibía como pequeñas resultaban gigantescas ante sus ojos y su tamaño siguió encogiéndose y encogiéndose y vio que las cosas estaban formadas por pequeñas partículas, siempre girando o siempre vibrando; las formas que antes percibía desaparecieron y ante sus ojos se abrió un mundo maravilloso de planetas en movimiento.
Internamente, él sabía que esas partículas formaban el cuerpo de las cosas que él antes podía ver y tocar, pero, ahora, era tan pequeño, que era capaz de percibir a esas partículas, y su tamaño se seguía reduciendo, y las partículas que antes veía vibrar y moverse ahora resultaban tan grandes, que parecían soles y planetas. De pronto se vio parado en uno de ellos, era inmenso como un planeta y veía lunas girar en todas direcciones. Empezó a observar que ese planeta no estaba deshabitado, que había seres parecidos a él y que, en cierta forma, todo le resultaba familiar y él pensó:
_Podría haber estado aquí y pensar que era mi planeta, sin embargo, sé que éste es uno de los pequeños corpúsculos que forman las cosas que en mi mundo normal son pequeñas; si no recordara que me he hecho pequeño, podría pensar que es mi mundo_. En ese momento, el proceso de empequeñimiento se detuvo y empezó a hacerse grande y más grande y más grande nuevamente; el mundo se encogió, las partículas se hicieron cada vez más pequeñas y de pronto vio al ser que lo había hecho pequeño, siguió creciendo hasta tomar su tamaño normal y el extraño ser le dijo:
_“Medita ahora en lo que has visto y piensa cómo transcurre el tiempo para esos seres”_. Despertó de su sueño, muy extrañado, y el príncipe se vio en el espejo y vio su cara muy madura, parecía haber envejecido y un chispazo se abrió ante su mente.
_Es probable que este mundo, esta nave, este espacio por el que voy viajando, en realidad, sea tan sólo una parte de un mundo infinitamente mayor, ¿cómo saber ahora cuál es mi verdadero mundo, si éste en el que me muevo, el otro en el que acabo de soñar o uno infinitamente grande en donde normalmente vivo y que por algún extraño fenómeno me he encogido hasta vivir en éste? ¿Cuál es la verdad? He aprendido que las cosas tal vez no sean del color que siempre las he visto y ahora entiendo que las cosas tal vez no tengan el tamaño que yo siempre había creído que tenían_. Su confusión fue creciendo y creciendo, su mente parecía darle vueltas, se sentía profundamente turbado, detuvo la marcha de su nave y dejó que ésta vagara solitaria en el espacio, tomó una posición de meditación y empezó a llamar a su Padre.
Si las cosas no son como parecen ser, si el universo no es como yo creía que era, entonces, ¿quién soy yo? Esos corpúsculos que vi en mi sueño seguramente también pueden estar dentro de mí, tal vez yo soy un conglomerado de corpúsculos en donde habitan otros seres, soy inmensamente grande e importante para ellos y, sin embargo, tal vez yo también sea tan sólo una parte de otro ser infinitamente mayor. ¿Quién soy? ¿Quién eres tú, Padre?, atiende mi llamado, mi mente se encuentra confundida; esta nave, los seres a los que he conocido, las experiencias por las que he pasado, son reales o ¿han sido tan solo producto de mi imaginación?, ¿qué significa todo esto? Pero, su Padre, no respondió.
Extendió su mano el príncipe y clavó su mirada en ella, preguntándose si dentro de su mano no vivirían humanidades enteras. ¿Hasta dónde llegaría esa interminable cadena de creaciones más pequeñas y, ¿hasta dónde llegaría el tamaño del universo, si se pudiera ver con los ojos de un ser gigantesco? ¿Dónde estoy?, ¿quién soy?
Sintió que sus ojos se empezaban a nublar de lágrimas, sintió una profunda tristeza, se sintió solo en medio del universo, sintió la importancia que para esos corpúsculos que formaban su cuerpo, para esas humanidades que vivían dentro de él, tenían sus decisiones. Por primera vez sintió, que, tal vez, su inmadurez, su falta de preparación, había afectado la vida de todos esos pequeños seres; sintió una profunda compasión por ellos, pues él no sabía cómo ser Dios para ellos, él no sabía dirigir sus vidas, pues ni él mismo había podido encontrar los 10 principios del universo. Un profundo amor surgió dentro de él hacia su cuerpo, hacia todo ese universo que él mismo llevaba dentro. Una gran energía de amor hacia él mismo y lo que representaba para esas criaturas que vivían dentro de él, surgió de su corazón y empezó a bañar cada rincón de su cuerpo y, entonces, una voz en su interior resonó solemnemente:
_“Hijo mío, has encontrado el siguiente principio, tú eres un Dios para ellos, lo que tú decides afecta inevitablemente a tus criaturas. Cada célula de tu cuerpo y cada átomo que forman esas células son criaturas tuyas por las que tendrás qué velar y cuidarlas porque ellas dependen enteramente de ti. Recuerda las luces que viste, recuerda el sueño que tuviste y recuerda que, más allá de esos cuatro principios que aprendiste en tu experiencia anterior, se encuentra un quinto;
“Más allá de lo sólido, más allá de lo líquido, más allá de lo gaseoso, más allá de lo ígneo, está la esencia de las cosas y esa esencia es la misma para todos”.
Esos corpúsculos que hoy viste forman lo sólido, lo líquido, lo gaseoso y lo ígneo, son las criaturas básicas que forman a todo el universo, recuérdalo siempre, recuerda que estás transportando a un universo dentro de ti, entiéndelo y sé consciente de ello, porque hoy, la luz se ha hecho en ti”.
Y la nave del príncipe reinició su marcha, sin ningún rumbo fijo, sin ninguna prisa.

9. EL SÉPTIMO PRINCIPIO

Su nave enfilaba sin ninguna dirección determinada; ensimismado en sus propios pensamientos, dejaba que fuera el destino el que guiara su nave. El pensaba:
_Si el universo está aquí para revelarme los 10 principios, no importa hacia dónde encamine mis pasos, sus leyes vendrán a mi encuentro. Ahora comprendo por qué aquel ser tenía tan poco interés en que yo le acompañara y por qué su nave no tenía una meta fija; en este momento me encuentro en la misma situación, mi vuelo por el espacio es circunstancial, lo que me interesa es descubrir los principios que me faltan conocer dentro de mí tal y como me fue anunciado.
Su nave empezó a ser atraída hacia un punto del espacio. El príncipe observó, primero, con curiosidad, después, con interés, el extraño fenómeno; su nave adquiría cada vez mayor velocidad y empezó a observar que pequeños asteroides y planetas también se dirigían vertiginosamente hacia el lugar del que no podía verse sino obscuridad, en el espacio. A medida que su nave adquiría mayor velocidad, observaba cómo, en realidad, pareciera que un sinfín de cuerpos espaciales estuvieran siendo atraídos hacia ese rincón obscuro del universo. El príncipe empezó a sentir un ligero estremecimiento.
¿Hacia dónde estaba siendo atraída su nave? Un ligero presentimiento empezó a indicarle que corría peligro; sus pensamientos se sensibilizaron diciendo:
¿Qué puede haber en el universo que represente un peligro para otra criatura, si todas somos hijas del mismo Dios?
Sin embargo, su velocidad era cada vez mayor y los planetas que iban delante de él en esa vertiginosa carrera empezaban a desaparecer, llegado a un determinado punto. El quería observar algo pero no podía ver nada, parecía como si todos los planetas empezaran a ser absorbidos por algo obscuro que se encontraba en esa región del universo. Mientras su nave se acercaba, sus pensamientos ya no pudieron ser controlados, el miedo lo estaba dominando.
¿Cuál sería el final de esa loca carrera?, ¿por qué los aerolitos y los planetas desaparecían de pronto ante sus ojos?, ¿qué era aquello que estaba atrayéndolo y por qué todas las criaturas, estrellas, soles y, tal vez hasta galaxias enteras, corrían sin parar hacia ese rincón del espacio? Cuando el miedo era ya casi incontrolable, una voz de su interior, majestuosa y serena, habló dentro de él.
_Hijo mío, te aproximas a un hoyo negro, recuerda lo que te he contado acerca de ellos y manténte preparado porque muy pocos pueden salir de esta prueba.
El príncipe intentó serenarse, pero el anuncio de su Padre lo había llenado de inquietud. Empezó a ver que se acercaba hacia eso que no podía percibir, vio que las estrellas que estaban inmediatamente adelante de él se sumergían en esa profunda obscuridad y después desaparecían de su vista. Cuando vio que ya era inevitable su absorción, cerró sus manos y las unió en su pecho y pensó:
_Por ti Padre y en el nombre de Dios.
Sintió un ligero estremecimiento, había cruzado por la obscuridad; se sintió más ligero, su cuerpo parecía extraño, no tenía ya la noción de una nave, se sentía flotar en algo indefinido. Una sensación extraña lo invadía pero no podía ver nada; decidió esperar, aunque, en realidad, no tenía otra opción. Poco a poco, su cuerpo fue adquiriendo peso; poco a poco, sus movimientos se fueron restableciendo; poco a poco, se fue dando cuenta que se encontraba flotando en el espacio. Un fuerte estremecimiento sintió de pronto, cuando una voz, proveniente de todos lados del universo, le dijo:
_Viajero del espacio, abre bien tus ojos y observa las danzas cósmicas de los astros_. La voz parecía provenir de arriba y de abajo, de adelante y de atrás, de todas direcciones, y, en ese espacio, se fue formando de pronto una nube y la nube pasó a convertirse en una pantalla gigantesca y, entonces, vio soles gigantescos que giraban vertiginosamente unos alrededor de otros; observó a los gigantescos soles que en su movimiento de rotación desprendían, en todas direcciones, trozos de su propio cuerpo, masas incandescentes que quedaban, después, girando alrededor de él; vio explosiones majestuosas que hacían que grandes lenguas de fuego surcaran el espacio produciendo una fantasía de colores; oía los estruendos y no sabía si lo que estaba observando era una pantalla o en realidad él se encontraba en medio de todo ese escenario.
Luego vio, cómo, las pequeñas porciones arrojadas por el sol se iban enfriando y observó, igualmente, cómo, de esos pequeños astros, ya fríos, empezaban a surgir pequeñas criaturas que se movían sobre su superficie; iban y venían hacia un lado y hacia otro y empezó a ver que esas criaturas peleaban y mataban a sus hermanos y mataban a otras criaturas que convivían con ellas y el príncipe, horrorizado, pensó:
¿Qué es esto?, personas que se matan a sí mismas, criaturas que destruyen a otras simplemente por placer. ¿Qué clase de mundo es éste._ Y la voz que provenía de todas direcciones, contestaba:
_Es un mundo en formación.
_Sí, pero ¿qué criaturas serían capaces de matarse unas a otras, sin entender que todos somos iguales y que nuestro destino está en el mismo lugar, en aprender los principios del universo?_ Y la voz contestaba:
_Son criaturas que están aprendiendo a vivir.
Y, mientras el diálogo se daba, la imagen crecía y crecía y podía ver a esas pequeñas criaturas que vivían en pequeñas construcciones que ellas mismas hacían y veía cómo, unas, se afanaban tratando de llevar lo necesario para aquellas que vivían junto a ellos y vio que esas criaturas se reproducían y formaban pequeñas colonias que ellos llamaban ciudades y, después veía, que otras extrañas criaturas se dedicaban a destruir a esas ciudades; y luego observaba cómo, la ciudad atacada, igualmente, empezaba a convertirse en atacante y unos y otros peleaban. La lucha era encarnizada, se mataban sin piedad, sin respetar a mujeres o niños; sin respetar las construcciones grandes o las pequeñas. Con mayor detenimiento pudo observar que no todas luchaban, que había unas cuantas que buscaban hacer la paz; observó que algunas deseaban todo para ellas, mientras que otras luchaban por el beneficio colectivo y observó, igualmente, que en algunas regiones había una increible riqueza de seres diferentes, plantas y animales, todos ellos conviviendo en armonía y observó, igualmente, cómo esos mismos seres, las extrañas criaturas que hacían la guerra, igualmente se empeñaban en destruir esos lugares llamados selvas y observó que de sus colonias salían grandes nubes que iban, poco a poco, destruyendo la capa de aire que rodeaba a su planeta y, entonces, el príncipe sintió compasión y dijo:
_¿Cómo es posible que nadie ayude a esos seres?, ¿cómo es posible que no exista alguien en el universo que les explique cuáles son los principios que rigen la armonía? Y, la mente que provenía de todas partes le contestó:
_Hay un sinfín de hermanos que lucha por enseñar a esas criaturas el secreto de la armonía y del correcto vivir, pero ellas son sordas y aún no son capaces de escuchar la voz que viene del universo.
_Pero, no puede ser, _replicó el príncipe_, tiene que haber alguna forma de explicarles que en el universo todo es paz y armonía y que ellos están quebrantándola; tiene que haber alguna forma.
_Y la hay,_ contestó la voz_. Algunos de nosotros hemos tenido que descender a su superficie y nacer entre ellos para poder explicarles cuáles son los principios que rigen en el universo.
_Y ¿qué ha pasado? preguntó el príncipe.
_Observa_, contestó la voz.
Y, entonces, la imagen cambió y se observaron tres cruces en un monte, una multitud rodeando a las cruces y una voz que como un lamento se elevaba diciendo: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. El príncipe se llenó de indignación y dijo:
_Basta, no es posible que esto pase en una creación en el universo, yo ire ahí y les enseñaré cuáles son los principios que deben regir la vida de todos los planetas._ Y la voz que provenía de todas partes, dijo:
_Sea como has dicho. Y un gran estallido obligó al príncipe a cerrar sus ojos, llevó sus manos a sus oídos y todo quedó en calma.
Cuando abrió los ojos se encontraba en una tierra extraña, desértica; él calzaba huaraches, un manto largo y un bastón. Muy cerca de él había una multitud que escuchaba con atención a un hombre que les decía: Bienaventurados los que sufren porque de ellos será el reino de los cielos. Y, entonces, el príncipe descubrió, que, ese ser al que escuchaba, era el mismo que él había visto en la cruz y recordó su diálogo con esa voz que provenía de todas partes y pensó:
_Ahora tengo la oportunidad de ayudar a este ser a enseñar a esta multitud._ Sigilosamente, empezó a escuchar con atención y a observar las reacciones de la multitud ante las palabras de aquel profeta y, en su interior, decía: _Ahora sí, todo será diferente, este es el momento en que podremos sacar, este enviado y yo, a este mundo, de las tinieblas.
Buscó entonces entrevistarse con el profeta pero resultaba sumamente difícil hacerlo; cada vez que preguntaba por Él, una multitud de fieles y seguidores le decían:
_Hasta el Profeta nadie puede llegar, Él irá a ti cuando Él lo desee, pero nosotros somos los encargados de protegerlo, ya mucha gente desea su muerte y no te permitiremos acercarte a Él, si es su deseo, Él irá hasta ti._ El príncipe recordó que en el universo todo está conectado y, entonces, mandó un pensamiento hasta la mente del Profeta y le dijo:
_Hermano mío, he venido aquí para ayudarte, yo sé que tu misión es difícil y sé que este mundo necesita mucho de tu ayuda pero aquí estoy, no estás solo. _En ese momento, un coro de voces surgió, igualmente, de todas partes del planeta, diciendo:
_Gracias viajero, pero el Profeta nunca ha estado solo, nosotros lo acompañamos y estamos distribuidos en toda la superficie de este planeta, tu ayuda es bien recibida, pero no esperes cambiar el curso de los acontecimientos, porque las plantas toman un tiempo para crecer y dar fruto y las humanidades lo hacen también.
El príncipe se sintió desconcertado, había pensado que el Profeta se encontraba solo y ahora entendía que una misión de tal importancia, no podía ser dejada únicamente sobre los hombros de un ser, tenía que haber muchos y ahora él sentía que su ayuda no era tan importante, sin embargo, pensó:
_Si he venido a ayudar, así lo haré, y justo es que ponga todo mi empeño en ello. ¿En qué podré ayudar?_ preguntó a ese coro de voces mentales que le habían dado la información anterior y ya no se escuchó el coro, se escuchó la voz del Profeta diciendo:
_Hermano mío, sé que cuando llegaste aquí lo hiciste impulsado por la fuerza de tu amor; mi misión y la misión de todos los que me acompañan es la misma, "redimir a esta humanidad"; tú preguntas en qué puedes ayudar, yo te digo lo siguiente: En el paso de los siglos y de las edades, mis palabras serán tergiversadas muchas veces, mis principios serán complementados al arbitrio de muchas mentes que, queriendo ayudar a sus semejantes, irán degradando las verdades sublimes que hoy les he entregado; la historia cambia el curso de los acontecimientos, por eso, hoy que vienes del futuro, yo te encomiendo la siguiente misión. Revela, para esos que vivirán en el futuro, las siguientes palabras:
"Todo en el universo se mueve bajo el influjo de dos grandes fuerzas, EL AMOR, que todo lo une, que todo lo funde, que no es sino armonía; y LA JUSTICIA, la fuerza que equilibra el amor, para que el universo entero no se funda nuevamente en un sólo átomo de luz”.
La justicia es la fuerza que mantiene a los astros girando unos alrededor de otros, que mantiene a los átomos en perfecto equilibrio, vibrando, uno, alrededor de otro. La justicia es la fuerza que mantiene a cada creación dentro de su línea de acción sin violar los derechos de los demás. Si por amor los seres se unen, por justicia, lo hacen en equilibrio y en armonía. Si por amor un ser se entrega a otro, por justicia, lo hace en perfecto equilibrio y respeto. Si por amor Dios ha creado a todo el universo, por justicia, le permite que su evolución sea gobernada por leyes. Son el amor y la justicia, las dos grandes fuerzas que regulan la armonía del universo".
Ve y comenta esto cuantas veces te lo pregunten porque ésta es la misión que yo te he encomendado. Regresa a tu tiempo, porque, en este momento, nuestra misión está a punto de concluir.
La mente del príncipe percibió, entonces, la misma escena que observara dentro del hoyo negro; pudo ver la imagen del Profeta crucificado y, entonces, supo que sus palabras las había mandado desde la misma cruz. El príncipe sintió que su viaje había sido útil, ahora tenía una misión; se sentó, dejó a un lado el bastón, puso sus manos unidas sobre su pecho y dijo:
_Profeta, te has entregado por amor, yo, por justicia, revelaré tu mensaje a todo aquél que lo solicite,_  y en ese momento, un estallido de luz lo envolvió y se vio viajando nuevamente con su nave.
La serena voz de su Padre se hizo presente en su mente. Amor y Justicia, el séptimo principio del universo.
Y su nave se perdió en la inmensidad del espacio.

10.   EL OCTAVO PRINCIPIO

El príncipe había aprendido un gran principio. El Amor y la Justicia van siempre unidos; mientras que el primero da cohesión a todos los cuerpos, a todos los átomos, a todo lo que existe en el universo, la segunda, regula sus movimientos y sus asociaciones. El amor es la fuerza que mantiene a toda la creación unida por invisibles lazos, con su creador, y la justicia, regula, con sabias leyes, el movimiento, su evolución y su expansión.
El príncipe guardaba en su mente estos principios y mientras viajaba en su nave, recordaba aquellos lejanos tiempos cuando su viaje iniciaba, cuando todavía era apenas un niño, cuando aún no sabía nada acerca del universo. Recordaba las palabras de su padre |siempre te acompañaré! no importa dónde te encuentres, y esas dulces palabras no lo abandonaban nunca. Igualmente, le había dicho: aquí estaremos esperándote para ese glorioso día en que regreses y te unas a nosotros en nuestro eterno viaje por el universo.
El príncipe se sentía satisfecho, había descubierto ya 7 principios y únicamente le restaban 3, pero algo extraño había pasado en su interior, no sentía prisa, no sentía angustia, los principios que conocía, del universo, le permitían sentirse como en su casa sin importar dónde se encontrara y, de hecho, pensaba: si en este momento quisiera regresar al lado de mis padres no sabría cómo encontrar el camino, tanto he viajado y en tantas direcciones distintas, que no sabría regresar a donde salí; sin embargo, no le preocupaba, pues había aprendido que todos los seres están unidos en el universo y, mientras su nave viajaba hacia ninguna dirección, se encontró a otra pequeña nave que viajaba en sentido contrario, la observó sin darle mucha importancia y de pronto vio como si la nave cambiara su rumbo para tomar justamente el que el príncipe llevaba. Cuando estuvo lo suficientemente cerca se dio cuenta que era un niño el que la tripulaba y le dijo:
_¿A dónde vas viajero del espacio? y el príncipe le contestó:
_A ninguna parte, no tengo destino. El niño, asombrado, le preguntaba:
_¿Cómo es posible que viajes hacia ninguna parte?, debes saber hacia dónde vas.
_No, en realidad no lo sé, pero tampoco me interesa. El niño se sorprendió aún más y siguió preguntándole:
_Mira, yo salí en un largo viaje porque mi padre me hizo algunos encargos, yo tengo que aprender 10 secretos del universo y por eso me encuentro buscándolos, en realidad, no sé si la dirección que llevaba me iba a trasladar hacia donde se encontraban los principios, ¿podría acompañarte?
El príncipe se sonrió para sus adentros y le contestó:
_Claro que puedes acompañarme, pero te repito, no voy hacia ningún lado. El niño seguía preguntando:
_Pero, entonces, ¿qué es lo que buscas, por qué tu nave viaja en esa dirección?
_Mira niño, en cierta forma tu camino y el mío se parecen, sólo que el mío es un camino interior, la nave, no importa hacia dónde se dirija, lo importante es la dirección que yo he tomado dentro de mí mismo; lo que yo busco se encuentra dentro de mí, es por eso que el rumbo de mi nave no interesa. El niño empezaba a confundirse.
_¿Por casualidad, tú no conoces algunos de esos 10 secretos que mi padre me mandó encontrar en el universo? Y el príncipe le contestó:
_Tal vez, pero de nada serviría que te los dijera, tú tienes que decubrirlos por ti mismo, recuerda que tu padre te dijo que no confiaras en extraños, que el conocimiento debería de provenir de ti mismo. El niño, sorprendido, le preguntó:
_Es cierto, eso dijo mi padre, ¿cómo es que tú estás enterado? Y el príncipe le dijo:
_Quizás porque tu padre y el mío se conocen, quizás porque mi padre me dijo lo mismo a mí, quizás porque yo he viajado un poco más que tú y sé muy bien las cosas que tú encontrarás en tu viaje.
_Entonces, ¿no puedes decirme nada de lo que tú has encontrado?
_Sólo te confundirías, sigue el camino que tu corazón te indique y llegarás, inevitable­mente, al descubrimiento de los 10 secretos que tu padre te mandó encontrar.
_Gracias, noble viajero, nunca olvidaré lo que tú has hecho por mí. Y el príncipe le contestó:
_Estoy seguro de que nunca lo harás y quizás, algún día, tú hagas lo mismo con otro.
Y el niño cambió la dirección de su nave para enfilar hacia otro rincón del universo.
El príncipe se quedó meditando, recordaba perfectamente aquel pasaje en donde él se unió a otro viajero y recibió las mismas respuestas que ahora él le estaba dando al niño, y sus pensamientos viajaron muy dentro de sí mismo y una pequeña luz empezó a iluminar todo su ser interior.
El universo no es sino una eterna espiral, viajamos en el espacio en diferentes direcciones, pero los eventos, los acontecimientos, no son sino círculos que se repiten una y otra vez sólo que en diferentes alturas, viajamos evolutivamente en una espiral; el amor nos mantiene unidos, la justicia regula nuestros movimientos y la luz nos indica la dirección. El universo entero no es sino una inmensa espiral en donde todos giramos y giramos y los acontecimientos se repiten y los seres evolucionan pasando por los mismos puntos pero a diferentes alturas.
¿Cuál será el siguiente principio?
El amor y la justicia no son sino dos caras de una misma moneda; el amor universal es el sentimiento que sale de cada uno de nosotros y nos une a todas las criaturas y a todos los seres. Siento un irresistible amor hacia ese niño que acabo de dejar, pero también lo siento por aquellas serpientes que me encontré tiempo atrás, y por aquellos seres que intentaron sacrificarme, por aquel viajero que se encontraba más adelante de mi y por la piedra y por el gigante y por mi padre y por aquellos seres que bailaban incesantemente alabando a Dios, ése es el amor universal, lo que me une a todas las criaturas, a todas las cosas creadas.
Pero, por otra parte, respecto a la justicia divina, esa misteriosa fuerza que impulsó a mi padre a mandarme en busca de los 10 principios del universo, esa fuerza impresionante que me atrajo hacia el hoyo negro, la misma que me impulsó a volar y a nadar, a convertirme en la nada, para entender el principio de los 4 estados de la materia, esa fuerza que regula la evolución de los seres y que ha traído a ese niño hacia mí, nuevamente, repitiendo una escena que ya había vivido, sólo que en un punto más alto de la espiral. ¿Qué es la justicia divina, sino el principio de orden que regula todo lo que existe en el universo?, la fuerza que da origen a todas las leyes bajo las cuales nos movemos. Ahora entiendo a mi padre, él se desprendió de mí a pesar del gran amor que me tiene, él sintió que era su deber y lo hizo en cumplimiento de la justicia divina y, ahora, tan lejos o tan cerca de él, el amor me mantiene unido y la justicia me mantiene en la búsqueda.
_¡Qué maravilloso principio, qué maravillosa lección!, pero, ¿existirá siempre en esa dualidad?, ¿no podrá haber algún punto en donde el amor universal y la justicia divina se unan?
Y, de pronto, mientras el príncipe meditaba, una gran luz se hizo en su interior y empezó a observar como una gran nube en el centro de una visión multicolor, un ser empezaba a formarse, rayos de luz cegadores rodeaban su silueta, nubes en todas direcciones hacían más impresionante la figura que se estaba formando en su interior. Cuando terminó por aclararse, se encontró con un anciano y el príncipe, sumamente inquieto, le preguntó:
_¿Quién eres tú que mora dentro de mí?, ¿quién eres tú, que de pronto apareces ante mí dentro de mis pensamientos?, ¿cómo es que tú no eres un fruto mío?, ¿cómo es que has logrado penetrar hasta este punto que únicamente me pertenece a mí?_ Y su voz, casi como un susurro pero con una majestuosidad impresionante, contestó:
_Tú hiciste una pregunta, yo vengo a contestarla. Estos rincones dentro de ti podrán estar aislados para todos los seres pero nunca para Dios. A lo largo del camino que has seguido has venido escuchando la voz que te hablaba desde el interior, pues bien, es tiempo que conozcas el origen de esa voz.
_Yo soy un enviado, todos los que conocen los primeros 7 principios del universo entran en contacto con el enviado; tú ya has conocido los primeros 7, es el momento de que entremos en contacto más directo.
_A partir de ahora tu camino no estará solo, yo estaré contigo en este lugar en donde me has descubierto. Yo te guiaré, soy la síntesis del amor y la justicia, porque, más allá de todas las dualidades existen las fuerzas de unidad, el universo es binario en esencia, "todo lo que es uno se divide y todo lo que se divide se unifica". No lo olivides, el amor y la justicia se unen en un punto y aparezco yo a traerte la luz, a establecer el contacto, provengo de ese ser al que tú llamas Dios pero que cualquier nombre lo limita y por eso prefiero no llamarle de ninguna manera, ÉL ES QUIEN ÉL ES, no tiene nombre ni cuerpo, porque todos nosotros conformamos su cuerpo, yo soy tu enviado, porque he sido emanado por El y creado con este propósito. Así pues, hoy has descubierto el octavo principio.
“Más allá del amor y la justicia existe la síntesis, el contacto, la iluminación, el enviado; todo aquél que domina los principios entra en contacto con el Padre”,
y aquí estoy yo. Descansa, libera tu mente de todos los pensamientos inútiles para que percibas la gloria del contacto.
Y el príncipe aquietó su mente, se sumergió en un dulce sueño e inmediatamente todo su ser empezó a renovarse, a sentir un fuego que corría por dentro de él, a sentirse uno con el universo; sintió que cada átomo, cada molécula de su cuerpo, empezaba a integrarse con las diferentes criaturas que él conocía, del universo; sintió que su cuerpo desaparecía; sintió que su conciencia se unía con todas las cosas; sintió que podía saber exactamente lo que estaba ocurriendo en cualquier rincón en el universo; sintió ese lazo que existe entre todas las criaturas del cosmos y todo eso pasaba mientras su nave se dirigía hacia ninguna parte, recorriendo un camino que llegaba hacia todos lados.

11.   EL NOVENO PRINCIPIO

El príncipe viajaba experimentando una nueva realidad, la luz interior le permitía ver a través de la distancia y del tiempo. Había asimilado la secreta naturaleza del Amor y de la Justicia; había aprendido que son las 2 grandes fuerzas que regulan la armonía de las esferas. Ahora, absorbido por esa luz que provenía de su interior, viajaba por el espacio experimentando una armonía increíble; se sentía en unidad con todos los seres creados, su mente percibía señales de todos los rincones del universo; bastaba con que su voluntad lo deseara, para observar claramente lo que estaba pasando en cualquier rincón de la creación. Recordó una vez más, sus experiencias anteriores, cómo los seres, con los que se había topado, parecían conocer exactamente todo por lo que él había pasado; ahora entendía el poder de la iluminación, era ese secreto poder que le permitía establecer el contacto con todas las cosas creadas.
A lo lejos vio una nave que cruzaba por su camino, perpendicularmente, fijó su mente en la nave y, en forma inmediata, aparecieron imágenes en su cerebro, vio a un ser que partía en busca de los 10 principios del universo; se dio cuenta que ya había encontrado los primeros 3; pudo observar claramente lo similar de sus experiencias con aquellas por las que había pasado él mismo; observó la agitación en que se encontraba y quiso intervenir; alzó su petición al espacio diciendo así:
_Dios infinito, he descubierto a un hermano que viaja en busca de los mismos secretos por los que yo he partido, permíteme auxiliarlo en su camino._ Esa voz que proviene de todas partes y que habla sin ruidos, le contestó:
_Sea como tú lo quieres, hazlo. Y, así, el príncipe, habiendo obtenido el permiso, se hizo presente en la mente de ese ser y le habó así:
_Hermano mío, sé que tu corazón se agita por las emociones de tu viaje, sólo vine a decirte que la meta que tanto anhelas, sin duda la alcanzarás, no importa los peligros que tengas que cruzar, ni los seres con los que te tengas que enfrentar, el universo es tuyo y los secretos te pertenecen, no lo olvides.
Vio claramente cómo el ser se asombraba por esa voz y que lanzaba miles de preguntas en su mente.
_¿Quién eres, dónde estás, cómo me conoces? Y el príncipe le respondía:
_Soy uno contigo, he estado siempre contigo y lo estaré por toda la eternidad; como tú, yo también inicié un viaje, tal vez haya encontrado algunas cosas que a ti te falta descubrir, pero ten la confianza que, algún día, tú harás lo mismo que yo._ El ser le preguntó desesperado.
_¿Por qué no me revelas de una vez todos los principios, si a fin de cuentas los he de descubrir tarde o temprano? El príncipe le contestó:
_Por la misma razón por la que una semilla tiene que esperar el tiempo necesario para su crecimiento; por la misma razón que los niños nacen niños y tarda un tiempo en que se conviertan en adultos; por la misma razón que los planetas se mantienen girando eternamente, unos alrededor de otros; por la misma razón por la que nosotros hemos de viajar y nuestros padres lo hicieron y nuestros abuelos igualmente, todos en busca de estas leyes universales.
Después de un silencio, el príncipe lo dejó sumergido en sus meditaciones mientras él seguía el camino. Mientras su nave viajaba hacia ningún lado su mente iba pensando:
¡Qué extraño es el universo, increíblemente rico en planetas, estrellas y galaxias, en seres extraños, en criaturas diferentes, pero qué inmensamente mayor es la realidad interior!, ese universo que nos conecta desde adentro de nosotros mismos con todos los seres de la creación. Decidió parar su nave en un planeta que, sin prisas, giraba lentamente alrededor de un maravilloso sol.
Cuando hubo descendido a su superficie, salió de su nave y se sentó, observó a su alrededor, e interiormente se conectó con la esencia del planeta y observó su historia, su evolución, se dio cuenta de su presente, se dio cuenta que estaba desierto de seres inteligentes, ahí sólo moraban seres de otros reinos inferiores, plantas, piedras y el mismo planeta. Haciendo la conexión con el destino del planeta, miró hacia el futuro y observó que unas razas hacían su aparición en la superficie de ese planeta; observó cómo esas razas empezaban a juntarse en colonias y después en ciudades; vio que se formaban grandes pueblos y organizaban sus derechos y reponsabilidades para formar una sociedad de armonía; vio que recibían asistencia de los hermanos mayores del espacio, que les mostraban cuáles eran los principios sobre los cuáles deberían regir su humanidad; vio que esos seres alcanzaban grandes dones en el dominio de los elementos, a través de algo que ellos llamaban ciencia; vio que todos ellos eran felices hasta que, de pronto, llegó una semilla del espacio, un ser de otro planeta aterrizó en su superficie. Después de ese ser siguieron otros muchos. Esos seres, provenientes de otro planeta, introdujeron el germen del odio y de las guerras, de la envidia, el egoísmo y vio, cómo la humanidad empezaba a corromperse y vio, cómo, lo que antes era total armonía, empezaba ahora a convertirse en desolación y tristeza. Nuevamente el príncipe quiso intervenir y lanzó su petición al espacio:
_Dios mío, no puedo permitir que esto le pase al planeta, no puedo permitir que esta humanidad que era todo armonía se vea contaminada por seres de otros planetas. ¿Qué puedo hacer?
Esa voz que provenía de todas partes le contestó:
_Respetar la Voluntad Divina. El príncipe, extrañado, contestó:
_Pero, ¿no es la Voluntad Divina mantener el orden y la armonía?
_La Voluntad Divina es permitir que las criaturas aprendan a alcanzar la armonía de todo lo que existe.
_Pero, ¿no es éste un triunfo de las fuerzas obscuras?, ¿no es éste un hecho que va en contra de la evolución del universo?
_Lo que tú has observado es una consecución de la Voluntad Divina, sin duda no es el propósito último, pero es el resultado del ejercicio de su libre albedrío. ¿Por qué no observas más adelante?
El príncipe nuevamente unió su mente a la esencia del planeta y saltó siglos más adelante en su historia y vio que el planeta había sufrido una gran destrucción, había habido guerras que habían involucrado a toda la humanidad; vio cómo de las cenizas surgían niños y jóvenes sobrevivientes; vio a las madres que, mientras lloraban enterrando los cuerpos de sus seres queridos, tomaban las manos de sus hijos y les decían: esto es lo que deja la guerra; si algún día tienes oportunidad, lucha, pero no con las armas, lucha por la razón y lleva la armonía y la esperanza a todos los lugares por donde pases. Vio que los jóvenes formaban una nueva generación; vio que protestaban en contra de la guerra; vio cómo se unían unos con otros hasta formar una gran fuerza, que, en su momento, pudo restablecer la armonía de todos los pueblos. Quiso ver más hacia el futuro y vio que esos seres empezaban a alcanzar nuevos horizontes de unidad y de armonía y la guerra había quedado en el pasado como una amarga lección para esas humanidades.
El príncipe nuevamente lanzó su voz al cielo diciendo:
_Gracias Dios mío, hoy he aprendido que la Voluntad Divina triunfa en todas las cosas. Hoy he aprendido que la Voluntad Divina busca la armonía de todos los seres en un tiempo final y no inmediatamente. Una voz familiar para él le contestó:
_Hijo mío, el noveno principio:
La Voluntad Divina no es sino el resultado de la herencia que Dios ha puesto en cada cosa creada como semillas que darán fruto a su debido tiempo y los llevarán a manifestar toda la grandeza del universo, toda su armonía, toda su paz.
La Voluntad Divina se cumple aunque, en ocasiones, el hombre parezca transgredirla. Este es el noveno principio, no lo olvides. La Iluminación te conectó con todos los seres del universo, ahora, la Voluntad, te permite entender que para Dios, el tiempo, el espacio y las pequeñas circunstancias de la vida no tienen valor; la inmensidad, la eternidad, la unidad de todas las cosas, son realmente el interés de Dios. Bienaventurados nosotros porque estamos con El, no existe nadie fuera de Dios. No lo olvides hijo mío, prosigue tu viaje porque la meta se acerca cada vez más rápidamente.
El príncipe se emocionó intensamente; de sus ojos empezaron a rodar lágrimas y ahora se sentía poseedor de secretos nunca antes sospechados.
Supo que no importaba cuál hubiera sido el camino que él tomara en su nave, de todas formas la Voluntad Divina se cumliría.
Supo que no importaba cuáles fueran sus pensamientos o sus deseos, o de cómo llevar su vida, la Voluntad Divina se cumpliría al final, de todas formas.
Supo que las desavenencias y las desarmonías que observara en esos mundos, los conflictos en que estaba sumergido el viajero, sus propios problemas, sus interrogantes y todo eso que él sentía cotidianamente, no eran sino una consecuencia de las Leyes Divinas actuando sobre cada ser, pero que, al final, la Voluntad Divina se cumpliría tarde o temprano.
Lleno de esa inmensidad, partió en su nave dejando que tomara cualquier dirección.

CONTINUA...

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