sábado, 12 de junio de 2010

Kwan Yin: Los principios del Iniciado (2da Parte)


5. EL TERCER PRINCIPIO

El niño príncipe viajaba por el espacio, pero tal vez más rápido que su nave; sus pensamientos iban y venían, recordando todos los detalles de sus últimas experiencias. Primero había aprendido que todo lo creado había sido hecho por un gran ser que únicamente deseaba la felicidad para todos sus hijos; había aprendido que cada cosa creada tenía una razón de ser en el universo; que aun cuando se le denominara de diferentes formas, era un solo ser, y deseaba que sus hijos aprendieran a convivir armónicamente y ayudarse unos a otros.
Después, aprendió que todo lo creado tenía una vida y que, aunque fuera diferente a la suya, en realidad estaba cumpliendo con algún designio divino; de aquí en adelante, debería respetar todas las cosas, puesto que todos habían sido creados con un propósito y manifestaban algún tipo de vida. Cada estrella que pasaba, cada cometa que se cruzaba en su camino, le recordaban estos dos principios y, mentalmente, los saludaba.
Su viaje lo fue llevando hacia una extraña región del universo; él seguía en su búsqueda y pensaba que todos los secretos del universo tenían que cruzarse en su camino, tal como había pasado en los últimos dos que recién había descubierto. Sin darse cuenta siquiera, su pequeño rayo de sol lo llevaba, lentamente, al encuentro de un gran planeta. El planeta se observaba con manchas oscuras y brillantes; esto llamó la atención al niño, que empezó a observarlo, sin intentar siquiera cambiar el rumbo de su nave. Poco a poco, la nave fue penetrando en la atmósfera de ese planeta y, cuando logró detenerla, se encontró en los patios de un gran castillo.
Rápidamente descendió de su nave y decidió explorar. Lo que encontró lo llenó de asombro; eran paredes muy altas en donde únicamente había una puerta; en la puerta se podía observar un letrero que decía: Esta es la puerta del bien, el que pase por aquí obtendrá todo lo bueno del universo.
Decidió pues, entrar, y la puerta inmediatamente se cerró. Cuando volvió a ver la puerta que se había cerrado detrás de él, había un letrero que decía: Esta es la puerta del mal y todo el que cruce por aquí obtendrá todo lo malo que hay en el universo.
Se sintió entonces, desconcertado; era la misma puerta y, sin embargo, en un lado de ella decía ser la puerta del bien y en el lado contrario la puerta del mal. Acostumbrado, como estaba, a encontrar sorpresas, siguió caminando en la sala a la que había entrado. Dentro encontró muchos espejos, todas las paredes estaban cubiertas con espejos de diferentes tamaños y enfocados en forma diferente. Al acercarse y observar más cuidadosamente los espejos, se dio cuenta de algo extraño; las imágenes que él proyectaba en los espejos eran distintas en cada uno de ellos. Un letrero en la pared decía: Aviso a todos los viajeros: cada uno de estos espejos refleja un aspecto de su persona, no todos son verdaderos, pero, el que encuentre su verdadero reflejo habrá alcanzado la gloria eterna.
El niño siguió caminando observándose en los espejos y en uno de ellos vio su piel de color negro; la curiosidad le ganó y se acercó, extrañado, por la imagen que estaba reflejando el espejo. Una vez que hubo observado todos los detalles pasó al siguiente y ahí encontró que el espejo reflejaba la imagen de un niño más pequeño que él, tal vez un niño recién nacido; trató de encontrar una explicación pero no podía. Pasó al siguiente y observó a un joven príncipe, orgulloso de sus dominios y sus posesiones, con la mirada déspota y observaba hacia el horizonte, tal vez, pensando en que sus dominios eran los más grandes de todo su planeta. En el siguiente observó a un anciano y en el otro a un hombre enfermo. Cada vez que se reflejaba en un espejo encontraba nuevas imágenes.
Empezaba ya a cansarse de los espejos cuando decidió pasar al siguiente salón. Cuando quiso encontrar la puerta observó, extrañado, que no existía ninguna; trató de recordar dónde se localizaba la puerta por donde había entrado y sólo encontró espejos y más espejos. En la parte superior del salón se encontraba un calendario marcando una fecha extraña e indicando los días y las horas; el niño empezó a sentirse un poco raro; pasaban las horas en el reloj, pasaban los días, y el niño no podía encontrar la salida. Los espejos entonces empezaron a reflejar imágenes de angustia, algunos de ellos empezaban a llorar, mientras que otros se enojaban y las imágenes reflejaban una desesperación que rayaba en el coraje; tal parecía como si los espejos estuviesen leyendo lo que estaba pasando interiormente en el niño.
Mientras ese reloj y el calendario daban vuelta interminablemente, el niño empezó a desesperarse y en sus pensamientos se decía a sí mismo: no sé qué está pasando, no sé cuánto tiempo llevo aquí, el calendario indica que han pasado muchos días, el reloj sigue su curso, empiezo a pensar que he dejado de ser niño, no sé en realidad cuánto tiempo llevo en este lugar y no puedo encontrar la clave del misterio que encierran los espejos. Trató de serenarse y se dirigió al espejo que le mostraba a un ser de color negro; levantó su mano derecha y la imagen levantó su mano izquierda; hizo él un movimiento hacia su izquierda y la imagen respondió con un movimiento a su derecha, y empezó a pensar: ¿Por qué los espejos reflejan la imagen al revés?, ¿por qué mi derecha es la izquierda de ellos? y ¿por qué todo es exactamente al lado opuesto?
Se dirigió a otro espejo en donde se encontraba un anciano; observó sus ojos y el anciano le respondió haciendo lo mismo; quiso ver una luz que saliera de esa mirada que lo estaba observando, pero el anciano respondió haciendo exactamente lo mismo; por un momento pensó que esa imagen correspondería a la que él tendría en el futuro, pero luego se preguntó: ¿Cuál es la imagen verdadera, la del niño o la de este anciano?, ¿cuánto tiempo llevaré aquí encerrado?, ¿quién soy realmente?, ¿cómo soy realmente? ¿cómo puedo saber el tiempo en que estoy si todo lo que observo me da pistas falsas?, ¿estaré condenado a pasar aquí el resto de mis días?
Mi padre me dijo que cuando yo lo necesitara lo encontraría dentro de mí. Se alejó de los espejos y se colocó en el centro del salón, se sentó y cerró sus ojos y empezó a llamar a su padre. Padre, hoy te necesito, necesito sentirte dentro de mí, no sé qué me pasa, este cuarto me ha llenado de confusión; no sé quién soy ni cuánto tiempo llevo aquí; los días pasan y se convierten en años; el calendario cambia las fechas, en ocasiones rápidamente y en otras muy lentamente; el reloj sigue dando vueltas y más vueltas, ya no sé si soy niño o soy joven, o he llegado a la ancianidad, necesito tu ayuda.
El niño esperó la respuesta pero no obtenía ninguna, abrió los ojos y observó algo curioso en los espejos; algunos reflejaban la imagen de su padre, mientras que otros reflejaban las imágenes a las que ya estaba acostumbrado, pero como si lucharan contra esa otra que reconocían como extraña. El niño se dirigió hacia los espejos que reflejaban la imagen de su padre, pero, en el momento de acercarse, la imagen desaparecía y aparecían las tradicionales imágenes de niños negros, ancianos y príncipes déspotas; volteó hacia atrás y vio que los espejos a su espalda estaban reflejando a su padre, corrió hacia donde estaba la imagen y nuevamente ésta desapareció.
Desconsolado el niño, no acertaba a explicarse lo que estaba pasando y gritó: padre, ¿por qué huyes de mí?, y algunas imágenes empezaron a reir a carcajadas, mientras que otras intentaban dar respuesta a su pregunta. Todo era una gran confusión, las risas apagaban el sonido de aquellas que trataban de explicar las cosas, alcanzando a escuchar la voz de una de las imágenes diciéndole: Tienes que aprender que el bien y el mal residen dentro de ti y que el mal desea tu destrucción y que el bien desea tu glorificación, palabras que no tenían ningún significado para el príncipe.
Las carcajadas seguían oyéndose y el reflejo de su padre, entristecido, se iba desvaneciendo en los pocos espejos que aún podían reflejarlo y el niño, angustiado, observaba que ya eran muy pocos los que reflejaban la imagen de su padre. Los labios de la imagen se movían, pero cada vez que él corría para acercarse y tratar de escuchar lo que decía, la imagen de su padre era desplazada hacia otro lugar de la habitación.
En un momento de desesperación, el niño cayó de rodillas y, cerrando sus ojos, se dijo a sí mismo: Tal vez he fracasado, pero sólo quiero que sepas padre, que siempre te amé y siempre quise encontrar la sabiduría, tal vez no supe buscarla, pero desde dondequiera que estés, yo te anvío mi bendición y mi gratitud.
En ese momento, todos los espejos empezaron a reflejar la imagen de su padre; el niño no podía verlas porque tenía los ojos cerrados, pero, entonces, la voz de su padre se escuchó gloriosa dentro y fuera de él: “Hijo mío, aquí estoy y siempre estaré dentro de ti, no importa lo que pase. Hoy has encontrado el siguiente principio:
“El bien y el mal residen en todas las cosas creadas”.
Manténte siempre alerta, porque, aun dentro de ti, existe la semilla de la maldad; procura que tu corazón vibre siempre en armonía y en permanente comunión con todos los seres del universo; has observado que cada espejo reflejaba una parte diferente de ti, ¿cuál es la verdadera?, nadie te lo podrá decir nunca, porque la única imagen verdadera es la que tú percibes de ti, esa que tú sientes que eres en lo más interno de ti. Todo lo que percibas del mundo puede engañarte, sólo aquello que encuentres dentro de ti te dará la clave para saber cómo guiar tus pasos por el sendero correcto. Abre los ojos y asómate a tu realidad”.
Cuando el niño abrió los ojos los espejos habían desaparecido y una gran puerta se abría en frente de él; se acercó a la puerta y encontró un letrero que decía:
Viajero del espacio, cada espejo es como otro ser humano, la imagen que tú percibiste reflejada en cada uno de ellos, es un ser humano diferente que te enseña que todos son reflejos de un mismo Dios.
El niño cruzó la puerta no deseando volver a ella, subió a su nave y partió hacia el espacio. Sin embargo, no podía dejar de pensar en ese último letrero de la puerta: "todos los espejos son como personas, reflejan a un mismo Dios". No podía entender lo que ese principio trataba de explicarle, cuando una voz interior habló diciéndole así:
Todas las imágenes que viste fueron tuyas, y cada vez que veas a un hermano tuyo, piensa que puede ser un espejo de Dios que te está revelando algo que no conoces de ti mismo. Más adelante, en tu camino, entenderás mejor lo que quiero decirte.
Y el niño partió en busca del cuarto principio.

6. EL CUARTO PRINCIPIO

Una vez que abandonó el salón de los espejos y siguió su camino, el príncipe había dejado de ser niño; su vida había transcurrido aceleradamente dentro de aquel salón, sus pensamientos habían madurado, había aprendido que dentro de él mismo había muchas personalidades y que mientras una parte de él se sentía príncipe, la otra se sentía como un ser sin importancia; mientras que tenía un aspecto bueno, había otros malos que residían dentro de él. Estos descubrimientos lo llevaron a reflexionar cuál sería la forma de poder eliminar todos aquellos aspectos de su ser interior que le parecían malos u horrorosos.
 Sumergido en las profundidades de sus reflexiones, su camino lo llevó hasta cruzarse con otro de los múltiples viajeros del espacio. El príncipe le preguntó:
_¿Qué rumbo llevas mi hermano?
_No llevo ninguno, ¿por qué he de tener algún rumbo fijo? El príncipe le contestó:
_Bueno, me imagino que si vas viajando es porque te diriges hacia algún destino.
_Pues te equivocas muchacho, la dirección que sigue mi nave nada tiene que ver con mi destino, no importa a dónde me lleve, yo sé que alcanzaré siempre el destino que busco. El príncipe se extrañó de esta respuesta y siguió preguntando:
_¿Quieres decir que si vas para adelante o vas para atrás siempre llegarás a tu destino?
_Mira muchacho, mi destino no se encuentra en lo que puedes ver, el viaje que sigue mi nave es simplemente un instrumento que me permite caminar hacia mi interior, el destino que busco se encuentra dentro de mí y no afuera, así que la nave es circunstancial, puedo viajar en cualquier dirección y, sin embargo, la meta la voy a alcanzar porque se encuentra dentro de mí.
El príncipe se sintió atraído por esta respuesta y le preguntó:
_¿Me permitirías acompañarte en tu camino?
_Ya te lo he dicho, no voy a ningún lado, mi destino está dentro de mí.
_Sí, lo entiendo, en cierta forma yo ando siguiendo lo mismo, busco los 10 principios universales y en realidad no sé qué rumbo tomar, me da igual seguirte a ti que enfilar hacia otro rumbo.
_Si así lo deseas, entonces sígueme, y el príncipe viajó junto con este ser.
Debo mencionar que ese ser se parecía bastante al príncipe, sólo que sus pensamientos, sus palabras y su forma de moverse, correspondían perfectamente a un anciano.
_¿Cuánto tiempo llevas viajando?, preguntó el príncipe.
_Mucho, le contestó su acompañante.
_Sí, pero, ¿cuántos años?
_El tiempo no tiene sentido cuando lo que buscas es la eternidad.
_Espera, dijo el príncipe, ¿tú no tienes que llegar a tu meta en un tiempo determinado?
_No, no tengo que hacerlo.
_Pues, al parecer, tu camino y el mío sí son diferentes, yo necesito de un cierto tiempo para alcanzar los 10 principios, pues de otra forma mi familia me abandonará.
_Mira muchacho, ¿a dónde podría ir tu familia que estuviera fuera de este universo?
_No lo sé, contestó el príncipe, esas fueron las palabras de mi Padre; regresa antes que sea demasiado tarde, pero hasta después de haber encontrado los 10 principios.
_Bueno, tal vez no entendiste lo que tu Padre te dijo.
_¿Cómo es eso, cómo podría entender esas palabras?, preguntó el príncipe.
_Quizás lo que quiso decir tu Padre fue que si llegas a tomar demasiado tiempo para encontrar los 10 principios, tal vez te alejes de tu infancia, tanto, que te impida entenderlos y percibirlos.
_No te entiendo, dijo el príncipe.
_Esos principios de que te habló tu Padre, en realidad los tenemos todos dentro de nosotros.
_Sí, efectivamente, eso fue lo que dijo mi Padre.
_Pues bien, a medida que creces, los principios los vas olvidando; si tomaras demasiado tiempo tal vez nunca puedas recordarlos.
_¿Quieres decir que esa es la lección que mi Padre me dio al despedirme?
_No, no quiero decir eso, recuerda que tu Padre te dijo que no confiaras en extraños.
_Es cierto, eso fue lo que me dijo mi Padre, pero, ¿cómo es que lo sabes tú?
_Mira muchacho, en el universo todo está conectado con todo, el Padre de tu Padre tal vez estuvo muy cerca del Padre de mi Padre y si caminamos hacia atrás, en el tiempo, todos tuvimos el mismo Padre; así pues, tu camino y el mío se parecen porque los caminos de todos los seres se parecen; las palabras que tu Padre te dijo al partir es muy probable que sean las mismas que las que dijo mi Padre cuando yo partí.
_¿Quieres decir que tú también andas en busca de los 10 principios? ¿Cuántos has encontrado?, preguntó el príncipe.
_De nada serviría que yo te los dijera, de nada serviría que yo te explicara mis experiencias, recuerda que no debes confiar en lo que los demás dicen, las enseñanzas deben ser tuyas exclusivamente.
_Pero, ¿no me puedes decir, al menos, si tu camino va terminando o vas empezando igual que yo?
_Lo que sí puedo decirte es que el tiempo deja de tener sentido cuando te llenas de la inmensidad del universo. ¿Sabes cuánto tiempo llevan estas estrellas que nos rodean, aquí, suspendidas en el espacio, girando unas alrededor de otras, siguiendo una marcha interminable? ¿Sabes que nosotros también somos parecidos a las estrellas?; vamos viajando en el espacio, pero nuestro cuerpo está formado por millones de pequeños seres, pequeñas células que viajan obligadamente a donde nosotros vamos. ¿Te has puesto a pensar que para ellas nosotros somos sus dioses porque las hemos creado? ¿Te has puesto a pensar que tus decisiones son leyes inmutables para esas células? Nosotros viajamos dentro de Dios, de la misma manera como las células viajan dentro de nosotros. ¿Tendrá alguna importancia el tiempo en este viaje infinito?
_Tus palabras realmente me hacen reflexionar; seguramente has viajado mucho más que yo, porque mis razonamientos no alcanzan a entender el significado de tus palabras. Realmente me siento afortunado porque me hayas aceptado acompañarte en este camino.
_Todos somos compañeros en este camino y todos vamos juntos hacia el mismo lugar. No importa que nuestros cuerpos puedan verse con los ojos, no importa que tú puedas verme y sentir que viajas junto a mí, he estado cerca de ti desde el momento en que te encontraste con aquella flor en el planeta solitario; también estuve cerca de ti cuando fuiste atrapado por aquellos extraños seres; fui también una de las imágenes en los espejos y ahora me encuentras dentro de mi nave. ¿No te das cuenta que hemos viajado juntos y que seguiremos viajando juntos hasta el final del camino?
El príncipe se encontraba totalmente sorprendido. ¿Quién era ese ser que había estado participando de todas sus experiencias? El príncipe le preguntó:
_Pero, ¿quién eres tú que conoce exactamente los lugares por los que he pasado?, ¿cómo es posible que hayas visto lo que yo he visto?
_Ya te lo he dicho, todo está unido en el universo, no existe nada separado y lo que tú has vivido lo ha vivido el universo entero, lo que tú has aprendido lo ha aprendido el universo entero; todas tus experiencias, todos tus recuerdos, los tengo grabados en mí mismo, porque tú los donaste al universo desde el primer momento en que los experimentaste.
_Mira, tus palabras son demasiado complicadas para mí, yo no puedo saber quién eres tú ni puedo saber por lo que tú has pasado; yo sólo sé por lo que he pasado, para mí todo esto es muy extraño, tal vez me falte caminar mucho para llegar a eso que tú dices; creo que lo mejor será separarnos, pues tus palabras empiezan a confundirme. Gracias por permitirme haberte acompañado y, gracias también, por las palabras que me dedicaste.
_Muchacho, antes de que te alejes, quiero recordarte algo: no confíes en lo que ves, no confíes en lo que oigas, sólo ten confianza en lo que tú descubras, recuérdalo.
Y el príncipe se alejó. Sus pensamientos iban y venían en todas direcciones. Decidió hacer un alto en un pequeño asteroides que se encontraba flotando en el espacio, aparentemente sin ninguna dirección, se sentó en una gran piedra y empezó a meditar.
Pasó mucho tiempo, pasaron muchos días, pasaron muchos años. Cuando nuevamente volvió en sí, encontró que a su alrededor el pasto había crecido, que él mismo empezaba a confundirse con el terreno, pues las hierbas lo tenían casi cubierto. Al incorporarse lentamente, observó una multitud de serpientes, sólo que cada serpiente se mordía la cola y caminaba, no arrastrándose por el suelo, sino rodando sobre su propio cuerpo como si fueran aros que habían sido empujados por el viento. Un extraño espectáculo se abría ante sus ojos, serpientes mordiéndose la cola y rodando en una procesión interminable en todas direcciones.
Una de las serpientes chocó contra él, se detuvo y se paró sobre su cola y, mirando fijamente al muchacho, le preguntó:
_¿Quién eres tú?, no te había visto por aquí.
_Soy un viajero en el espacio que me he detenido a meditar, pero ustedes no estaban cuando yo llegué.
_Te equivocas muchacho, nosotros hemos estado aquí desde el principio de este planeta, ¿cómo es posible que no te hayamos visto llegar?
Evidentemente la serpiente mentía, pensó para sus adentros el príncipe y le contestó:
_Yo acabo de llegar, no tengo mucho tiempo de haberme sentado a meditar, ustedes no estaban aquí.
Para estos momentos, muchas serpientes se habían congregado alrededor del príncipe e inmediatamente todas ellas empezaron a protestar:
_Tú eres un extraño, no sabemos de dónde has llegado, nosotros hemos habitado este planeta desde su creación y tú no estabas, ¿de dónde, pues, saliste?_. A medida que decían estas palabras, todas empezaban a estrechar el círculo que formaban alrededor del muchacho.
Por unos momentos, el príncipe pensó que se encontraba en peligro, por lo que las detuvo, diciendo:
_Alto ahí, yo soy el espíritu de este planeta, soy su dios, retírense si no quieren que con un pensamiento las destruya a todas.
Las serpientes se alejaron inmediatamente por el temor, pero todas las serpientes del planeta empezaban a juntarse alrededor del muchacho.
_Si tú eres nuestro dios, dinos entonces: ¿por qué estamos todas aquí y por qué somos las únicas que habitamos este planeta?_. Sin saber exactamente qué responder, el muchacho contestó:
_Están aquí para descubrir los 10 principios que moran en todas las cosas y cuando así lo hagan, su vida y su mundo se transformarán y empezarán a vivir una vida nueva y maravillosa en donde todo será paz, armonía y felicidad.
Las serpientes se miraron unas a otras y dijeron:
_Tus palabras no las entendemos, todo lo que deseamos nosotras es rodar y rodar, cada vez más rápido, para poder así conocer todo nuestro planeta y ser las más ágiles de todo el universo; no sabemos que es eso de paz y felicidad, son palabras huecas; si tú eres en verdad el dios del planeta, debes poder mandarnos mensajes que podamos entender.
_Escúchenme bien: Ustedes son criaturas de este universo y todo el universo se encuentra unido, si existe algún ser en otra región de este universo que sepa lo que es la armonía, la paz y la felicidad, esas mismas enseñanzas estarán en ustedes, descúbranlas y vivirán con una mayor armonía.
Las serpientes empezaban a confundirse, lentamente, cada una mordió su cola y se alejó rodando. Todas se fueron a excepción de una, cuando estuvo sola le dijo:
_Muchacho, a mí no puedes engañarme, sé quién eres y por qué estás aquí, mi Padre me envió para decirte algo. En tus recuerdos encontrarás el secreto del siguiente principio. El príncipe se sorprendió y le dijo:
_¿Quién es tu Padre?
_Mi Padre es el mismo Padre que el tuyo, y la serpiente se alejó, subió a su nave y partió.
Tal vez nunca encuentre el cuarto principio, tal vez nunca pueda encontrar los principios superiores, pero mi destino será buscar y buscar, porque ese es el camino de todos los seres del universo.
En su interior, el príncipe tuvo nuevamente un chispazo de luz y una voz de habló así:
_Hijo mío, has aprendido algo en este viaje: Todas las criaturas del universo se encuentran unidas; no importa a dónde viajes yo estaré siempre contigo; no importa en qué lugar te encuentres, lo que tengas qué aprender estará siempre en frente de ti. Escucha bien este principio: Más allá del bien y del mal, más allá de las imágenes de los espejos, más allá de tus hermanos hombres y serpientes, más allá de todas las aparentes diferencias y contradicciones que puedas encontrar en tu vida, todo se encuentra en armonía, todo se encuentra en paz, todo se encuentra en unidad. Las contradicciones se disuelven, el bien y el mal se funden en un solo principio, "EL EQUILIBRIO". Tu compañero de viaje te enseñó lo que era el equilibrio, no existe derecha ni izquierda, arriba o abajo, en el universo, no existen los aciertos y los errores, todo eso se funde en el camino interior que te llevará hacia ti mismo. Detrás de cada lección, detrás de cada error, siempre encontrarás algo que aprender, no lo olvides:
“Todo está en equilibrio, todo está en unidad”.
Este es el cuarto principio.
Y el príncipe siguió viajando, esta vez sin rumbo fijo, sabiendo que de todas formas habría de llegar a su destino.

7. EL QUINTO PRINCIPIO

El joven príncipe viajando nuevamente por el espacio, reflexionaba en el cuarto principio recién descubierto: "El Equilibrio". Si bien había aprendido que existían fuerzas contrarias en el universo, el bien y el mal, que según le habían explicado moraban en todos los seres, ahora, acababa de descubrir que estas fuerzas permanecían siempre en equilibrio, permanecían siempre armonizadas. El pensaba para sus adentros: los seres malos no son totalmente malos; los sere buenos no son totalmente buenos, el bien y el mal moran en todas las cosas pero se mantienen en equilibrio; seguramente, cada uno de nosotros buscamos mantener ese equilibrio, algunos lo logran siendo malos, mientras que otros lo hacen siendo buenos.
Mientras eso pensaba, su viaje lo fue acercando hasta una gran nube; él la observaba sin prestarle mayor atención. Me estoy acercando a una nebulosa, pensó para sus adentros, pero cuando hubo atravesado las primeras capas de nubes se encontró que existía un planeta en el centro de ellas. Decidió bajar y explorar.
Una vez que empezó a caminar sobre la superficie observó que existían dos lunas, una blanca y otra negra. Extrañado, empezó a preguntarse cómo era posible que ese planeta tuviera una luna negra y otra blanca; una giraba en una dirección, mientras que la otra lo hacía perpendicularmente a la primera, y dijo: ¡vaya que es extraño este planeta!. Caminando se fue acercando hasta la orilla de lo que parecía ser un gran lago o un mar y, pronto, unas pequeñas criaturas salieron del mar y empezaron a rodearlo; parecían peces, pero tenían extremidades que les permitían caminar también sobre la tierra. El joven príncipe los miró extrañado y preguntó:
_¿Quiénes son ustedes?, ¿cómo se llama este planeta?
El pez que parecía encabezar al grupo contestó: _Estás en el planeta de las dualidades, aquí todo es dual, tienes que aprender que en nuestra tierra todo lo que veas tendrá siempre dos lados. Si nos acompañas te mostraremos el lugar donde vivimos.
_Lo siento mucho, contestó el príncipe, pero yo no puedo andar dentro del agua.
_No importa contestó el pez, de todas maneras nos acompañarás, y diciento esto, las extrañas criaturas sujetaron al príncipe y lo empezaron a arrastrar hacia dentro de las aguas.
La acción fue tan rápida que el príncipe no tuvo tiempo de responder, el miedo lo invadió mientras su cuerpo iba siendo cubierto por las aguas. Cuando todo fue cubierto y sus ojos se abrieron, observó que podía, no sólo caminar, sino también respirar bajo el agua. Antes de que pudiera explicarse cómo era eso posible, fue encaminado hacia una gran cueva en cuyo centro se encontraba un gran trono y, majestuosamente sentado en el centro, se encontraba quien, seguramente, era el rey de todas las criaturas.
_Bienvenido a nuestra tierra, le dijo el pez rey. El muchacho contestó:
_¿Cómo es que yo puedo respirar aquí? y, ¿por qué dices tierra si esto es más bien agua?
_Hay muchas cosas todavía que no entiendes, para eso has venido aquí, contestó el rey pez.
_¿Cómo es que tú sabes a lo que he venido?, ¿cómo es que sabes que yo necesito aprender algo?
_Muy sencillo, te vi por los espejos.
_¿Tú también te encontrabas en los espejos, en las imágenes de los espejos? le preguntó el príncipe.
_Claro que sí, todos en el universo estábamos en los espejos, todos te vimos, tu imagen fue proyectada hacia todos los puntos del universo y por eso tu nave viajó hasta aquí, porque creemos que tenemos algo que podemos enseñarte.
_Espera, dijo el muchacho. Empiezo a pensar que todo lo que he estado viviendo es como un juego y que todos se han puesto de acuerdo para que yo camine por ciertos rumbos, ¿tú conoces a mi Padre?
_Todos conocemos a tu Padre, eso no es nada extraño en este universo, pero, si lo que quieres preguntar es que si tu Padre habló conmigo, la respuesta es no.
_Entonces, ¿quieres decir, que tú y mi Padre no están puestos de acuerdo para que me enseñes algo?
_No.
_Y, ¿también sabes por todas las aventuras por las que he tenido qué pasar?
_Sí.
_¿Cómo es, entonces, que sabías que iba yo a llegar aquí?
_Porque el universo me lo indicó.
_Pero, ¿cómo es que hablas con el universo?, ¿cómo es que el universo puede decirte cosas?
_Porque el universo habla con todos los seres.
_Y, por qué yo no puedo escuchar lo que el universo dice?
_Porque no has encontrado los 10 principios.
_¿Quieres decir que cuando los encuentre, el universo me va a decir cosas y las voy a entender?
_Exactamente.
_Y, ¿todo el universo sabe que ahora estoy aquí contigo, hablando?
_Exactamente.
_Bueno, pues, enséñame entonces el siguiente principio.
_No puedo.
_Pero ¿No dijiste que tenías algo que era para mí y que sería importante que yo conociera?
_Sí, sí lo dije.
_Y, ¿no es el siguiente principio el que vas a enseñarme?
_No.
_Entonces, ¿qué es lo que vas a mostrarme?
_Vamos para que lo comprendas_. Y, diciendo esto, el rey pez fue nadando frente al príncipe para encaminarlo hasta una gran cámara. _Verás, le explicaba: dentro de esta cámara a la que tú entrarás solo, observarás algunas cosas que te harán reflexionar. Lo que verás dentro tiene que ver con todo el universo, son los ingredientes con los que fueron conformadas todas las cosas de este universo. Entra y aprende.
El joven abrió la puerta de la cámara y vio que todo estaba obscuro; se detuvo un poco, vacilante, pero la puerta se cerró detrás de él. En esos momentos, el príncipe sintió que un escalofrío recorría por su columna vertebral. Empezó a caminar sin saber exactamente dónde estaba y, a cada paso que daba, sentía que su cuerpo se hacía más y más pesado, sentía que no podía ya caminar. Pronto, sintió que su cuerpo se estaba apoyando sobre el suelo, no sabía si se había caído o si era algo que se aproximaba a su cuerpo. Empezó a sentir a su cuerpo en forma extraña, empezó a sentir un impulso irresistible de ondularse, de moverse en ondas y así lo hizo y, para su sorpresa, su caminar se tornó más rápido, pero ya no caminaba, más bien nadaba.
Pocos momentos después, descubrió que su cuerpo era, en realidad, de un pez. No pudo mover sus brazos por la simple razón de que se habían convertido en aletas; su cuerpo había sufrido una transformación increíble, ahora nadaba y una extraña sensación impregnaba todo su cuerpo. Empezó a moverse lentamente, primero, y después más rápidamente. Empezó a ver lo que significaba vivir en un mundo de agua. Empezó a nadar y a nadar hasta que observó una luz a lo lejos. Rápidamente se dirigió hacia ella y fue tanta la rapidez con que nadó hacia la luz, que cuando llegó hasta ella se dio cuenta, sin poderse detener, que había dado un salto hacia la superficie de una playa. Quedó tirado en la arena con su cuerpo de pez sin poder moverse; por más que se estremecía, su cuerpo no alcanzaba el agua. Empezó a sentir que el aire le faltaba, porque, en realidad, era el agua lo que lo estaba asfixiando. Se movía desesperadamente, mientras las olas del mar humedecían únicamente su cuerpo sin llegar a cubrirlo. Poco a poco las fuerzas lo fueron abandonando, se sintió sofocarse, sintió que el agua le faltaba, supo lo importante que era el agua para los peces, y recordaba, cuando había sido hombre, lo que el aire significaba para él.
Cuando estaba a punto de perder la conciencia, sintió que era alzado por encima de la arena; un ser extraño lo había tomado entre sus manos, lo miraba extrañado y con un movimiento brusco lo lanzó hacia el aire. Sintió que se alejaba más y más del agua y de la tierra, sintió que su cuerpo empezaba nuevamente a transformarse, sintió que ya podía mover sus manos y empezó a moverlas con fuerza y, para su sorpresa, su caída empezó a detenerse; empezó a observar que mientras más rápido agitaba sus manos, su caída se aminoraba más y más. En esa caída vertiginosa observó, como un parpadeo, al ser que lo había empujado hacia el cielo y vio que se reía; lo buscó nuevamente con la mirada y observó que en sus ojos había un brillo extraño. Tan concentrado se encontraba en la figura de ese ser que lo había lanzado a los aires, que no se dio cuenta de que ya no estaba cayendo, que se encontraba volando, y, hasta entonces, se percató que su cuerpo, en realidad, ahora, era de un ave, un ave de blanco plumaje.
Su deseo era acercarse a ese ser, por lo que voló hacia él y se posó nuevamente en la tierra. Quiso hablarle al extraño y su voz se oyó como graznidos. El ser lo miraba y sonreía cada vez más, mientras el príncipe deseaba hablar y de su boca no salían más que agudos graznidos. El ser reía cada vez más fuerte y su voz retumbaba en los oídos del príncipe. Desesperado, el príncipe se le acercó y quiso tocarlo y observó que sus alas eran enormes y que, en realidad, lo que estaba haciendo era ocasionándole más risa a ese extraño que tenía en frente. Desesperado, el príncipe alzó el vuelo y trató de posarse a la altura de los ojos del ser, le lanzó una mirada y pensó fuertemente: Si de verdad todo el universo está conectado, tú ya sabes lo que quiero preguntarte, contéstame y deja de reirte. En esos momentos el ser dejó de reir, le extendió la mano para que posara su cuerpo sobre ella y se dirigió hacia una roca, ahí lo depositó suavemente, mientras él se sentaba frente a él.
_Escúchame bien, príncipe, que aunque tú no puedas hablarme, sé perfectamente cuáles son tus preguntas.
Toda tu vida la has vivido en la tierra, ahora ya viste lo que significa el agua para los peces y debes aprender lo que significa el aire para las aves y más tarde aprenderás otra lección de la cual nada puedo decirte. La enseñanza que se encuentra detrás de tus experiencias, sólo tú podrás descifrarla; tanto tus amigos los peces como yo, aquí en la tierra, no somos sino auxiliares del universo en la tarea de mostrarte los 10 principios, así pues, ya te he dicho todo lo que podía decirte, alza el vuelo y aprende lo que es el aire. Yo tengo que irme, hay muchas cosas importantes en mi vida como para seguir platicando contigo, además, tu no puedes decirme nada, parece que has perdido la voz y, sonriendo, se alejó.
El príncipe, sumido en sus reflexiones, alzó el vuelo sin saber qué rumbo tomar; al menos esta vez no había angustia en su mente, sabía que, en cierta forma, su Padre lo estaba siguiendo, sabía que todo lo que le pasara estaba dentro del plan que el universo tenía para todos los seres y, mientras volaba, observó que grandes nubes empezaban a obscurecer el panorama. Aunque no podía ver de donde provenía la luz, pues no observaba a ningún sol, las nubes empezaron a cubrir todo el cielo y de las nubes pasaron los relámpagos y los rayos y empezó a caer una lluvia como nunca antes había experimentado. El agua golpeaba fuertemente sus alas, el aire silbaba y entorpecía su camino; decidió entonces bajar a tierra a esperar que la tormenta cesara, pero, bajo él, sólo se extendía una capa inmensa de agua. Trató de recordar en qué dirección se encontraba la tierra para dirigirse hacia ella, pero no pudo observar, se encontraba totalmente perdido en medio de una tormenta y abajo no había sino el inmenso mar.
Desesperado, buscaba un lugar donde posarse, pero no podía ver sino agua en todas direcciones; trató de bajar a la superficie del mar buscando descansar, pero se encontró que el oleaje estaba sumamente agitado, si se posaba sobre la superficie, inmediatamente sería cubierto por las olas, inmediatamente se vería sumergido dentro del mar. Sentía su cuerpo húmedo y cansado, sentía que no podía ya más volar, empezó a planear, dejó sus alas extendidas y empezó a dejarse llevar por las corrientes de aire que, junto con el agua, formaban la tormenta. Exhausto, vio cómo iba perdiendo altura, no había manera de mantener el vuelo, sus alas ya no tenían fuerza para seguir moviéndose. En esos momentos, sintió que iba a ser estrellado contra la superficie del mar, el miedo lo invadió y en el momento preciso, justo en el lugar donde iba a caer, un gran remolino se formó y cayó, no sobre el mar, sino sobre el hoyo de ese grn remolino de agua que se había formado en el mar. Sintió su cuerpo dar vueltas y vueltas y sintió que caía en un pozo profundo.
Cuando tomó conciencia del lugar, todo estaba en calma, ^Jtodo, a excepción de una pequeña piedra que se encontraba en el centro de toda esa obscuridad; no podía ver nada, no podía moverse, no sabía si era pez, o si era ave, o si era hombre, todo lo que podía ver era una extraña piedra magnética que despedía una luz tenue de color azulada y de la cual salían chispas como pequeños rayos de tormenta, parecían electrificadas. Imposibilitado de moverse, pensó:
_¿Qué significará todo esto?, ¿en dónde estoy?, ¿qué soy ahora? Y la piedra contestaba:
_Ahora no eres nada, sólo un chispazo de luz, sólo un chispazo de luz emanada de mí mismo_. Mientras hablaba, la piedra parecía incrementar su actividad eléctrica y se apagaba. Quiso moverse para acercarse a ella y no pudo. La piedra contestó nuevamente:
_No tienes cuerpo, yo soy el creador de todas las cosas, tú saliste de mí y ahora eres obscuridad; la única forma de que tomes nuevamente conciencia es que regreses a mí, pero no puedes moverte. El príncipe se extrañó aún más y preguntó ingenuamente:
_¿Cómo quieres que regrese a ti si no puedo moverme?, es ilógico lo que dices, y la piedra volvió a contestar:
_La lógica del universo no es tu lógica, yo he creado todas las cosas del universo, tú eres una creación mía, pero, porque te has alejado de mí, ahora estás en la obscuridad, perteneces a ella, yo soy la luz, yo soy el fuego, tu eres la obscuridad, necesitas regresar a mí para que sepas quién eres.
_Yo se quién soy y tú no puedes ser el creador del universo, porque el creador es Dios.
_Yo soy Dios_, contestó la piedra.
El príncipe quedó, por unos instantes, desconcertado. ¿Cómo era posible que esa piedra que estaba observando pudiera ser Dios? La imagen que tenía de ese Dios creador de todas las cosas, era infinitamente mayor que esa piedra que se encontraba brillando en la obscuridad. El príncipe preguntó:
_Si tú eres Dios, entonces, tu deseo es que yo aprenda los 10 principios. Si tú deseas que me acerque a ti, ¿cómo entonces, me quitas el movimiento?, ¿cómo entonces, esperas que yo pueda seguir buscando si no puedo ni moverme?
_Joven príncipe, caminante del cielo, yo no tengo deseos ni espero nada, yo simplemente creo al universo, la obscuridad es parte de mí y la luz lo es también; la tierra de donde vienes, el agua por la que has pasado, el aire en el que has volado, todo se sintetiza dentro de mí que soy el fuego. ¿Por qué he de tener esperanzas de que tú hagas algo?, ¿por qué he de tener deseos de que tú hagas algo?, para mí todas las criaturas del universo son iguales, todas están dentro de mí.
_Un momento, _contestó el príncipe_, yo partí en un viaje en el cual mi Padre me encomendó aprender los 10 principios con los cuales fue creado el universo; eso significa que mi Padre me envió a conocerte a ti. Si hoy te he encontrado, quiere decir que todos los principios pueden ser revelados por ti para mí; quiere decir que he llegado al final de mi camino; quiere decir, entonces, que voy a poder volver a donde está mi Padre; quiere decir que estoy a punto de encontrar el resto de los principios que me faltan por descubrir.
Y mientras el príncipe reflexionaba en voz alta, hablando con la piedra, la piedra permanecía callada. El muchacho seguía pensando en voz alta. _Entonces, si he llegado hasta Dios, estoy en el corazón de toda la sabiduría del universo, aquí me puedes revelar todos los secretos, esto es lo que necesitaba, ahora sólo falta que tú me los digas._ Y, entonces, la piedra se rompió en mil pedazos y un enorme ser apareció en su lugar, un ser que echaba chispas por todo el cuerpo, una luz azulada electrificaba todo lo que tocaba; extendió su mano imponente, en esa región de la obscuridad en donde se encontraba el príncipe y lo tomó violentamente, lo levantó hasta la altura de sus ojos y le dijo:
_Torpe príncipe, has hecho caso de lo que te decía un extraño, desoíste el consejo de tu Padre, te dejaste engañar por lo que te decían afuera y olvidaste que sólo tú podrás encontrar los secretos; ahora has perdido tu oportunidad y quedarás eternamente sumergido en la obscuridad, no podrás ver nada ni sentir nada, no tienes cuerpo, sólo eres un punto de obscuridad, piérdete en ella. Alzó su mano y lo aventó hacia la obscuridad.
El príncipe se encontraba infinitamente asustado, no tenía cuerpo, no podía moverse, sólo pensaba; ya no podía ver la piedra ni al ser, ya no había nada a su alrededor, ni arriba, ni abajo, ni adelante, ni atrás, ni a su derecha, ni a su izquierda; reconocía que efectivamente se había dejado engañar por las palabras de la piedra. Quería llorar pero no tenía ojos, quería gritar pero no tenía boca, quería tocar su cabeza pero no tenía cabeza, ni manos, ni alas, ni aletas. ¿Qué es esto?, pensaba, nuevamente he fracasado, ¿qué significa todo esto?, de verdad habré perdido el camino?, ¿habré perdido la oportunidad? Y su mente regresó a su lejana infancia y recordó el momento en que su Padre lo estaba despidiendo y le decía:
No importa dónde te encuentres, Yo estaré siempre contigo. Ahora se sentía solo y, sin embargo, esas palabras las recordaba una y otra vez, hasta que, en un chispazo de conciencia, se dijo: Si mi Padre no me mintió y hasta ahora nunca lo ha hecho, quiere decir que mi Padre se encuentra en algún lugar dentro de mí y dirigió sus pensamientos hacia su Padre, diciendo así:
_Padre mío, hoy te necesito más que nunca, he pasado por la tierra y supe lo que era vivir como hombre, pasé por el agua y supe lo que era vivir como pez, volé por los aires y supe lo que era la vida de una ave, me he encontrado con el fuego, con la electricidad y he sabido lo que es estar en contacto con el fuego y ahora estoy sumergido en medio de tinieblas, ¿dónde estás Padre, para que me ayudes?, y muy dentro de él se escuchó otra voz que decía lo siguiente:
_El universo entero está compuesto por la tierra, el agua, el aire y el fuego; lo sólido, lo líquido, lo gaseoso y lo etérico. Has visto la naturaleza de las cosas, has aprendido que el universo entero no es sino la combinación de 4 cosas y ahora la obscuridad te envuelve.
¿Qué es lo que separa la obscuridad de la luz? Piensa hijo mío, ¿qué es lo que separa la obscuridad de la luz?
El joven quería que su Padre siguiera hablando, pero su voz calló y, entonces, su mente se enfrascó tratando de resolver el enigma. ¿Qué separa la obscuridad de la luz? Empezó a recordar todo lo que había escuchado en su viaje. El bien y el mal residen en ti. Cada una de las imágenes de los espejos representa una parte tuya. Todo lo que te pasa es escuchado por el universo. Lo que tú experimentas lo experimenta el universo. Todas esas frases circulaban por su mente hasta que, de pronto, se hizo la luz en su mente y dijo:
_Lo que separa la luz de la obscuridad soy yo mismo, puesto que soy parte de todos y estoy en todos, de la misma manera como el universo está en mí. Yo soy la luz y soy la obscuridad y en estos momentos escojo ser la luz, y en ese instante, justo cuando el príncipe decretó esas palabras, "Yo soy la luz", "Yo soy la luz", nuevamente las palabras majestuosas se escucharon dentro de su ser:
“El universo entero ha sido creado siguiendo el orden de los 4 principios: Tierra, Agua, Aire y Fuego, (sólido, líquido, gaseoso y etérico); todo está en ti y tú escoges lo que quieres ser”.
Éste es el quinto principio. Y su nave se enfiló hacia nuevas aventuras.

CONTINUA...

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