miércoles, 27 de junio de 2007

El silencio de Dios


Cuenta una antigua Leyenda, que hace casi setecientos años, vivía un hombre llamado Haakon, quien cuidaba, día y noche, una Ermita.
A ella acudían muchos peregrinos a orar con mucha devoción.
En esta ermita había una cruz muy antigua, se creía que tenía casi mil años.
Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro, o simplemente para agradecer por su salud, o por tener trabajo, o simplemente por tener la gracia de la vida misma.
Un día, el anciano Haakon, quiso pedirle un favor a Jesús.
Lo impulsaba, en realidad, un sentimiento generoso.
Así que una tarde, esperó pacientemente que se fuera el último de los fieles, luego se arrodilló ante la cruz y rezó fervientemente.
"Señor, -dijo entre lágrimas- quiero padecer por ti. Por favor, déjame ocupar tu puesto.
Quiero reemplazarte en la Cruz". difícil?
Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor!", - respondió el anciano ermitaño emocionado.
-" Escucha: suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardarte en silencio por siempre. Par ocupar mi lugar, jamás, deber omitir palabra alguna"
Haakon contestó: "Os, lo prometo, Señor!"
Y entonces, se efectuó el cambio. Al otro día, al iniciarse el alba, volvieron a llegar los peregrinos, pero nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al anciano colgado con los clavos en la Cruz.
El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste, por largo tiempo, cumplió al pie de la letra el compromiso. No pronunciar palabra alguna.
Pero un día, llegó un muy reconocido en el valle por la enorme fortuna que poseía. Después de haber orado, dejó allí olvidada su bolso que tenía en su interior más de cien monedas de oro. El anciano, que ocupaba el lugar en la cruz, notó el olvido, pero calló.
Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, tomó el bolso olvidado, y al no ver a nadie en la hermita, se lo llevó.
Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después del mediodía, para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje.
Pero en ese momento, volvió a entrar el rico en busca del bolso. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado.
El rico se volvió al joven y le dijo iracundo: "¡Dame la bolsa que me has robado!".
El joven sorprendido, replicó: "¡No he robado ninguna bolsa!" "¡No mientas, devuélvemela enseguida!." "¡Le repito que no he tomado ninguna bolsa!" afirmó el muchacho asustado.
El rico arremetió, furioso contra él.
Sonó entonces una voz fuerte que estremeció la gruta:: "¡Deténte! ..." - se escuchó-
El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, gritó, defendió al joven, increpó al rico por la falsa acusación.
Éste quedó anonadado, y salió corriendo de la Ermita.
El joven también se marchó, en parte asustado por lo que había sucedido, y además tenía prisa para emprender su largo viaje.
Al caer la noche, cuando la Ermita quedó a solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo: "Baja de la Cruz Haakon, No cumpliste tu palabra. No has sabido guardar silencio".
Señor, - dijo Haakon -, ¿cómo iba a permitir esa injusticia?".
Jesús ocupó la Cruz de nuevo, y el anciano se quedó expectante arrodillado.
El Señor, siguió hablando:
"Tu no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el dinero para pagar la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero, pues tiene su madre muy enferma y necesitaba ese dinero, en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tú no sabías nada de todo esto".
" Yo sí. Por eso callo."
"Recuerda: guardar silencio, es, generalmente mucho más inteligente, que la más sabia de las palabras".

DIOS TIENE UN PROPOSITO PARA CADA UNO DE NOSOTROS!!!

Mucho amor y luz para todos, y que Dios los bendiga.

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