viernes, 18 de mayo de 2007

El acelerador de partículas más grande del mundo


Superconductores bajo Suiza. Centro de control en Ginebra.

En Suiza, los físicos se preparan para ver renacer el universo.

CIEN METROS DEBAJO DE MEYRIN, Suiza.- Lo primero que sorprende es el ruido. Después de todo, se supone que la física es una aventura cerebral...
Pero en esta caverna casi inconmensurable para la vista, llena como está con una cantidad de metal similar a la de la Torre Eiffel, con ruedas de una altura de ocho pisos en cajas de oro con forma de ventilador, y miles de kilómetros de cables y gruesas cañerías, se oye el eco de las grandes herramientas, el sonido de las grúas y bombas, los golpes de martillo, destornilladores y el ocasional tornillo que se cae. No parece ser un lugar apto para estudiosos.
Los físicos, usando casco y arneses de seguridad, se distribuyen como el Hombre Araña sobre esta gigantesca máquina, apropiadamente llamada Atlas; se agachan bajo cataratas de cables y tubos, y se arrastran dentro de cavidades escondidas llenas de dispositivos electrónicos.
Se están preparando para ver renacer el universo una y otra vez, una y otra vez; de hecho, 30 millones de veces por segundo.
En el próximo verano nórdico, si todo resulta como está planeado, las partículas subatómicas comenzarán a dispararse por un anillo subterráneo de 27 km, desde el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN, según su sigla en francés), cerca de Ginebra, hasta Francia y de regreso; por suerte, sin tener que someterse a las inspecciones aduaneras.
Explotando unas contra otras en las entrañas de Atlas y con similares dispositivos distribuidos a lo largo del anillo, las partículas producirán diminutas bolas de fuego de la energía primordial, por lo que recrearán las condiciones que imperaron por última vez cuando el universo tenía menos de una billonésima de segundo. Cuanta más energía logren "empacar" en estas pequeñas explosiones, más atrás vayan en el tiempo y más se acerquen al Big Bang, cosas más pequeñas podrán ver.
Cualesquiera que hayan sido las formas de materia, y las leyes y fuerzas que existieron en ese instante -reliquias no vistas en esta parte del espacio desde que el universo se enfrió, hace 14 mil millones de años-, saltarán a la vida una y otra vez en todas sus posibles variaciones. Si todo va bien, dejarán sus huellas en montañas de hardware y memoria de computadoras.
"Este es el final del juego", dijo Lyn Evans, del CERN, que ha estado a cargo del Gran Colisionador de Hadrones, como se llama este equipo que es algo así como el telescopio Hubble del espacio interior, desde su concepción.
Todo lo que tiene que ver con este colisionador suena... grande -desde los 14 billones de electrovoltios de energía con que va a aplastar protones, las miles de personas que componen su "elenco" y los ocho mil millones de dólares que costó, a las 128 toneladas de helio líquido que se necesitan para enfriar los imanes superconductores que mantienen a las partículas girando a gran velocidad o los tres millones de DVD llenos de datos que producirá todos los años.
El día en que lo enciendan será el momento de la verdad para el CERN, que invirtió 13 años construyéndolo, y para los físicos del mundo, que han apostado su credibilidad y sus carreras, para no mencionar todos esos miles de millones de dólares, y la convicción de que están cerca de descubrimientos fundamentales sobre el universo. Si no logran ver algo nuevo, coinciden los expertos, pasará mucho tiempo antes de que vuelvan a construirse aceleradores gigantes en la Tierra, y bajará el telón sobre por lo menos un aspecto del antiguo intento de entender de qué está hecho el mundo y cómo funciona.
"Si no vemos nada -dijo el físico del CERN, John Ellis- en cierta forma los teóricos hemos estado hablando pavadas durante los últimos 35 años." El acelerador, explicó Fabiola Gianotti, del CERN, debería llevar a la física a territorios de tiempo y energía donde las actuales teorías simplemente no se aplican. Corresponden a una era en la que, según piensan los cosmólogos, el universo todavía se estaba diferenciando, evolucionando a partir de un aliento primordial de potencial infinito hacia las fuerzas y partículas que constituyen la realidad moderna. "Para mí -dijo Gianotti-, sería un sueño si, finalmente, en un par de años, fuéramos capaces de producir en un laboratorio la partícula responsable del 25% del universo."
"La perspectiva del descubrimiento -dijo Jim Virdee, del Imperial College, de Londres- es lo que nos sostuvo a lo largo de los años que nos llevó desarrollar estas máquinas. Cuando empezamos, no sabíamos cómo hacer este experimento ni si iba a funcionar -agregó-. Dos mil quinientos científicos pueden trabajar juntos. Nuestro juez no es Dios ni los gobiernos. Si nos equivocamos, la naturaleza no vacilará en castigarnos.
" Pero la posibilidad de fracaso es inexistente para el doctor Michelangelo Mangano, teórico del CERN. "Es como decir: «Supongamos que nos chocamos contra un árbol mientras conducimos de regreso a nuestra casa» -comentó, mientras tomaba un café en su oficina-. Esperemos llegar a casa sanos y salvos, y que veamos algo."

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