viernes, 13 de abril de 2007

Universo




Omniforme absoluto te concibo,
universo tremendo; impresionante
Soliloquio de Dios; siempre cambiante
esfera derivando en el vacío.

Asombrosa tragedia de la vida,
huracán de infinitos personajes,
del vientre oscuro del silencio naces
y en ese vientre silencioso expiras.

Perfecto es en tu voz cada detalle,
cada cuadro y escena en el que miras,
porque dentro de todo tú te abismas
como un pletórico hechicero en trance.

Desde cada ser vivo tú te expandes
transformándote en el protagonista,
por eso cada cosa que palpita
se siente el centro de su esfera errante.

Cada gota de ser contiene al todo.
Mis íntimos anhelos modifican
a la inmensa estructura cristalina,
y ella despierta en mi interior su antojo.

Ni en goce ni en dolor se simplifica
la enorme faz del devenir monstruoso;
ni en bien ni en mal, sino en el armonioso
e incomprensible juego de la vida.

Ni el cielo ni el infierno te contienen,
ni la dicha más clara ni el más hondo
desgarro te definen, eres todo
el océano en llamas de la mente.

Ninguna imagen podrá ser tu rostro,
nada en el mundo podrá ser tu fuente
porque todo lo arrastras al moverte
y queda el blanco de tu luz tan solo.

Por ínfimo que sea lo que viere
puedo verte danzar frente a mis ojos
porque un átomo encierra todo el cosmos
y a las eternidades el presente.

Como sea que dances, mi tesoro,
mi omniforme concierto, yo te sigo.
Todo es obra de Dios, todo es divino;
de la etérea belleza hasta los ogros.

Quiero en las horas derivar contigo;
mago de magos, universo, asombro;
quiero ser con tus actos uno solo;
y con tu impávido mirar, testigo.

Artífice de mí, corazón mío,
oculto dramaturgo en mi cerebro,
mi dios y mi demonio, tú me has hecho,
soy santo, y pecador, como tú mismo.

Y como tú también soy el que escribo
el libro de vivir. Soy el que observo
desde el fondo del cosmos en silencio
el curso rumoroso de este río.

Tu deliras en mi alma como un ebrio
recitando los dramas infinitos.
En el antro de mí... tal vez durmiendo
soñando la creación, estremecido.

¿Cuánto destino guardaré en mi seno,
por cuántas eras vagaré perdido,
por cuántos mundos seguirá el camino
hasta agotar el hilo de los sueños?

Satélite de ti, corazón mío,
giro en tu santo alrededor secreto;
yo soy la abeja en tu capullo tierno
indagando en el néctar del olvido.



Poesía de Martín Satke

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