jueves, 12 de abril de 2007

Transformación










Que en el reino del corazón, no pase el tiempo, como suele hacerlo por el cuerpo de las piedras sin producir ninguna transformación.

Cada día hemos de aprender cómo vivir de modo más positivo nuestras enseñanzas. No por nosotros, sino por los demás, esos que nos enfrentan y requieren continuamente, esos que somos nosotros mismos, situados como por milagro, frente a nuestras propias máscaras, nuestras propias "per-sonas". Se aprende, cuando se quiere aprender, cuando existe un verdadero anhelo de crecimiento interior, y éste se manifiesta en la medida en que la criatura humana se desapega de su yo mortal, para devocionarse al Divino Ser que mora en cada uno.

Es muy triste vivir, sin el milagro de ninguna metamorfosis. Si la semilla se convierte en árbol fecundo, si las nubes grises al caer se transforman en las nodrizas de la Vida, ¿no ha de acontecer lo mismo con el Hombre?

Hemos de cambiar, nosotros también, hemos de tornarnos cada día más perfectos, porque toda la imperfección es madre del dolor, como toda felicidad real, es hija de la virtud.

Extendamos entonces nuestras manos hacia Dios, para que una Gracia infinita las guíe hasta el verdadero Reino de Luz, donde se diluye toda sombra, todo escepticismo, toda angustia... y las extendemos cuando rezamos, cuando acariciamos, cuando perdonamos, cuando realizamos Obras "deseosos del bienestar del mundo" allende todo egoísmo personal.


Por Ada D. Albrecht
Texto extraido de http://site.hastinapura.org.ar

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